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La Coctelera

karurasu

Categoría: Cuento Anime

29 Agosto 2005

El Clan Akalim cap. XI X XI

HIRUME,
- Su cambio señor – dijo la cajera.
- Gracias Señorita – el acento de Nishinu aún era confuso, pero se desenvolvía perfectamente en su nuevo rol, mercaba con el dinero que fácilmente obtenía de cualquier lugar y vivía en una apartamento que había alquilado, tubo que valerse de algunas historias para evitar que le pidieran lo que allí se conocía como identificación. Su vida era tranquila y los días del clan eran sueños de una noche lejana. Trotaba en la mañanas y practicaba algo durante el día, no era la gran cosa, lo hacía para sentirse saludable. Un fuerte entrenamiento lo llevaría a otras épocas y a recordar la cacería que desde hace tiempo intentaba olvidar. No quería sentirse preparado, no quería sentirse perseguido, solo quería vivir y lo único que lo ataba a su antiguo mundo era la idea de un discípulo que continuara con la memoria del clan, ese era su único sueño y no tenía ninguna prisa.
“Masacre en Roma: (...) dejando 25 muertos en el establecimiento. Tenían cortado el cuello y no hubo ningún testigo. Los médicos afirman que el arma homicida era muy filosa y el asesinato fue llevado a cabo por un experto, pues las heridas fuero precisas y mortales en todas las victimas. No se registraron indicios de lucha ni resistencia y los vecino afirman no haber escuchado nada...”
El periódico calló de las manos de Nishinu que quedo inmerso en una profunda meditación, no era la primera ves que escuchaba una noticia así en su corta vida, recordó durante largas horas...

- ¡Todos están muertos! – grito un joven mientras irrumpía la meditación de Yin Sen Po quien abrió los ojos pausadamente y como una hoja impulsada por la suave brisa se levantó, se dirigió a su habitación y volvió con su espada envainada amarrada en su espalda.
- Quédate aquí -
Cuerpos degollados adornaban la oscura selva que maléfica acechaba en una noche sin luna, almas que atormentadas vagarían buscando a la fugaz muerte que las había arrebatado. Un ambiente desolador y cruel, una fría bienvenida.
Yin Sen Po llego caminando, y una mirada de dolor y tristeza inundaba su paso, ante sus ojos quince de sus discípulos yacían en la fría hierba.
- ¿Me buscabas? – dijo con una vos que retumbó en el bosque, las aves volaron y los animales se alejaron del lugar. Entre la espesura se distinguió una sombra que se aceraba lentamente con la cabeza abajo.
- Sabes que si, Yin Sen Po, como sabes a que has venido y como terminará todo. Lejano se encuentra el día en que jure tu muerte y ahora que estas ante mí sufrirás la cólera del que paciente ha esperado tu fin. -
- Siempre has sido igual de estúpido Hirume, y no será hoy el día en que cambies, tu inútil venganza solo terminará con la abominación que tu maestro inició cuando tu sangre se confunda con mi roja espada. – la mirada de Yin Sen Po era tan penetrante que casi obliga a Hirume a iniciar el combate directamente, pero un profundo respiro alineó sus ideas evitando la fugaz embestida.
Y el bosque fue testigo de que aquellos dos hombres no descansarían hasta morir. El viento se agito, los árboles crujían y lloraban la ausencia de los jóvenes caídos y del que pronto también habría de caer.
Hirume era uno de los diez maestros del clan Akalim, había sumido esta condición después de que su propio maestro Shidoku fuera asesinado por Yin Sen Po después de una mortal batalla que se había convertido en leyenda para los miembros del clan. El motivo del enfrentamiento nunca fue totalmente claro, pero se rumoró que Shidoku había asesinado a una cortesana amante de Yin Se Po cuando esta se había negado a él. Aunque eso era lo que decían los que conocían a Yin Sen Po nunca creyeron en aquellos rumores y pensaban que los motivos eran aún más profundos.
El enfrentamiento fue a muerte y la espada de Yin Sen Po se baño con la sangre de Shidoku, fue una batalla de tres días y los demás maestros acordaron no intervenir. Al caer la tercera noche Yin Sen Po regresó al campamento solo, su cuello tenía tres estocadas casi mortales, le llevo varios meses recuperarse por completo y participar en el nombramiento del nuevo maestro.
De entre todos los principales discípulos Hirume sobresalía por su destreza y perfección había sido discípulo de Shidoku, nadie se atrevió a desafiarlo cuando su nombre fue anunciado y se convocaron retadores. Fue nombrado maestro Akalim, y en la ceremonia juro asesinar a Yin Sen Po algún día para vengar la muerte de su maestro, su mirada se volvió despiadada y su obsesión lo volvió cruel, solo un joven logró sobrevivir a su entrenamiento durante más de quince años. Solo se alimento del deseo de venganza y de hacerse más fuerte hasta que llegó el día en que fue a buscar a Yin Sen Po.
Así pues dos fieras se encontraron buscando en el otro a su presa, se miraban y su concentración era tal que las hojas que caían del bosque evitaban interrumpir sus miradas. Yin Sen Po desvió la mirada y camino hacia los cuerpos sin vida de sus discípulos, lo hizo pausadamente, desprevenidamente para cualquier espectador inexperto. Se agacho ante uno de sus discípulos y examinó sus heridas, se tomo varios minutos en esta tarea y cuando levantó la cabeza de nuevo Hirume había desaparecido.
- Si ya esas listo – desenfundó su legendaria espada. Era conocida como una espada pero más que eso era un cuchillo largo, que llegaba desde el codo hasta la punta de sus dedos, se concentro y esperó como un buen Akalim.
El silencio reino en el bosque durante largas horas mientras la presión aumentaba, cada minuto que pasaba era un minuto menos para el ataque, cada respiración, agónica.
- Bienvenido Hirume – de la espesura salieron diez estrellas una tras otra, las seguía Hirume que corría detrás casi a la par mientras las seguía lanzando.
Y el suelo tembló ante la arremetida de Hirume que golpeaba el suelo violentamente con cada uno de sus pasos, su mirada se enfocaba a un único objetivo y alrededor nada más se distinguía. El cuello de Yin Sen Po se podía ver reflejado en sus ojos y su velocidad era tal que sus ropas se rasgaban contra el viento, con su mano derecha lanzaba las estrellas y con la izquierda sujetaba su mortal daga.
El rojo destello se dejo ver como un remolino que buscaba cada una de las estrellas se acercaban, y por primera ves en su vida como Akalim Hirume observo la verdadera destreza del maestro Yin Sen Po que bailaba con las estrellas en un concierto armonioso y casi místico. Su muñeca se movía con suavidad y precisión, y cuando el choque de ambos se hizo inminente esquivo a su agresor con una velocidad y precisión que aterraron al propio Yin Sen Po, la daga paso a escasos centímetros de su cuello y de nuevo reino el silencio en el bosque. Hirume quedo a varios metros de su enemigo mostrándole su espalda mientras con su mano izquierda aún sostenía la daga enfrente. Se incorporo y aún dando la espalda a Yin Sen Po dijo: - Tu precisión es casi fantasmal Yin Sen, nunca vi nada igual – en ese momento comprendió que el camino de su vida se hacia más angosto.
- Las técnicas que tu maestro te enseño ahora son inútiles Hirume, las sufrí en carne propia el día en que los hilos de nuestras vidas se encontraron en dirección opuesta – su mano acarició las cicatrices de su cuello y su mirada se perdió en un mar de recuerdos de sangre y dolor.
- Eso me temía – dijo con gravedad, mientras soltaba su daga.
Hirume ataco de nuevo como Shidoku nunca se habría imaginado.
Corrió de nuevo con más velocidad, esta ves sosteniendo también una daga en su mano derecha, sus brazos estaban extendido hacia atrás y se tambaleaban con el feroz correr. Yin Sen espero pacientemente, su serenidad era casi enfermiza, su paciencia desesperante, se veía tan indefenso que Hirume solo se esforzaba más por llegar hasta su cuello, corrió como nunca antes había corrido y cuando se disponía a arrebatar la vida de Yin Sen un destello rojo ilumino sus ojos que parpadearon un instante. Todo fue calma de nuevo.
En las dagas de Hirume destellos de los ropajes de Yin Sen que no se veía por en ninguna parte. Miedo y desolación invadieron la selva, muerte inminente, una calma de sepulcro que helo los huesos de Hirume, se sentía indefenso y observado, no duró más que pocos segundos allí, corrió hacia el bosque a buscar el refugio de las sombras.
Amaneció y permaneció inmóvil, anocheció y continuó su espera.
Desde lo lejos se escuchaban choques de espadas en lo más profundo de el bosque iban y venían, silencio y terror combinados en una lucha sin testigos.
Yin Sen Po voló por los aires ante un duro golpe que le propino Hirume con su pierna derecha, mientras flotaba se sintió viejo y cansado, arrepentido y satisfecho, vio su vida pasar ante sus ojos mientras la sombra de Hirume desaparecía se su vista para posarse justo encima de el, las dagas centelleantes se acercaban a su cuerpo mientras el cerraba los ojos buscando una luz de concentración. Cuando cayó al suelo tenía las dagas de Hirume en sus manos, las sujetaba por el filo, Hirume yacía encima suyo casi inconsciente, su cara estaba ensangrentada al igual que la frente de Yin Sen, la espada roja estaba en el suelo.
- Nunca creí que soltarías tu espada Yin Sen- dijo Hirume casi sin poder respirar. – Tengo una cabeza muy dura- dijo Yin Sen con una ligera sonrisa.
Hirume hizo hasta lo imposible por mantenerse conciente antes de recibir el golpe final, nunca llegó. Yin Sen Po quiso acabar con aquella cadena de venganzas y no asesino a Hirume, aunque era su derecho, lo dejo vivir y nunca se volvió a mencionar el tema.
A Hirume se le vio pocas veces después de ese día, y aunque nunca volvió a buscar a Yin Sen Po, su rencor continuó creciendo.

NISHINU, HIRUME
- ¿Será posible? – se preguntaba Nishinu mientras leía las noticias del periódico.
Nishinu también vivía en Roma y si Hirume se encontraba rondando en la ciudad un encuentro sería cuestión de tiempo, eso le preocupaba. El era discípulo de Yin Sen Po por lo tanto un blanco para Hirume que odiaba a su maestro y había asesinado sus discípulos en el pasado. Pero los tiempos habían cambiado, ¿ Conservaría su odio?.
La sensación de ser perseguido y observado era mortal para Nishinu, no tenía noticias desde que había abandonado el clan, nunca supo que había sucedido, no sabía si era perseguido o libre, la incertidumbre lo agobiaba de nuevo, la posible aparición de Hirume despertó los fantasmas que habían dormido dentro de Nishinu tras años de tranquilidad en el nuevo mundo. Era el momento de enfrentarlos.
Buscó a los alrededores de la masacre, en callejones y azoteas, busco por días y mientras lo hacía los viejos instintos de asesino despertaron, el andar escondido, el caminar sin hacer ruido, estar preparado para lo inesperado, todas estas cosas le trajeron recuerdos de lo que era. Se sentía cómodo, se sentía aliviado, escondido bajo las sombras se sentía en casa.
Otros asesinatos misteriosos lo fueron guiando hacia lo que sería el inevitable encuentro. En la azotea de un edificio una sombra reposaba en una esquina paciente, temible, casi invisible, pero inconfundible.
- ¿Qué te trae al nuevo mundo Hirume?, ¿Cazas o eres cazado? – dijo Nishinu mirando tranquilamente hacia la oscura esquina.
Hirume reaccionó sobresaltado, sorprendido de haber sido descubierto, con la confusión de una vos familiar, que le recordaba el lejano mundo de donde venía.
- ¿Nishinu? – dijo mientras salía de las sombras, su rostro de sorpresa se transformó en una sonrisa mientras su cuerpo era bañado por la luz nocturna.
- Si, soy yo. A que has venido – Nishinu estaba tranquilo, le aliviaba la idea de tener noticias del clan así vinieran de la boca de Hirume, la posibilidad de una pelea no lo asustaba, estaba dispuesto a todo.
- La purificación es un trabajo muy difícil, para un joven como Shinryu – dijo Hirume sin desdibujar la sonrisa de su rostro.
Nishinu comprendió entonces que Shinryu estaba vivo, que era el ejecutor, y que estaba en el nuevo mundo, era más de la información que esperaba obtener, y mientras pensaba todo esto su sangre se helo con las palabras que escucharía a continuación.
- Ya purifique al viejo Yin Sen, me deleitaré haciéndolo con su discípulo más querido – y mientras lo decía su abría su mano para dejar ver a Nishinu el anillo de Yin Sen Po que ahora adornaba las manos asesinas de Hirume, quien no pudo evitar dejar escapar una carcajada.
- Era viejo Nishinu, no me costo mucho trabajo – y continuó riéndose, esperando un ataque desesperado de Nishinu, o un destello de desconcentración.
Nishinu se dio cuenta de que la guerra entre maestros había comenzado, como lo proclamaba la leyenda. No sintió pena ni dolor por su maestro, solo esperaba que el anciano alcanzara la armonía.
Se encontraban separados por algunos metros y sus ojos se encontraban fijamente, Hirume expresaba confianza, su expresión era arrogante. Nishinu no era nada para el, era un discípulo, una hoja seca que el viento podía retirar.
- No me sorprendería si corrieras Nishinu, como lo hiciste cuando fuiste convocado como ejecutor – y de sus manos brotaban las dos dagas que caracterizaban su técnica de combate.
- Adelante Hirume – dijo Nishinu con tanta determinación que el rostro sonriente de Hirume se lleno de odio y su cuerpo se preparo para la mortal batalla.
Hirume se había enfrentado a Yin Sen y Nishinu lo sabía, muchas de las técnicas de su maestro no servirían, tendría que utilizar las suyas. Extendió las manos lentamente y describiendo un circulo con sus brazos adopto una posición de combate, no planeaba esconderse, no tenía miedo y quería acabar rápidamente, se sorprendía de su propia determinación.
Las luces los esquivaban y la noche era noche entre los que con anhelo querían tomar vidas y derramar sangre, Hirume el indomable atacó primero, su confianza y arrogancia lo hacían un enemigo temido, pues su victoria era solo cuestión de tiempo.
Las mortales dagas pasaban muy cerca del cuello de Nishinu, los hilos de su vida cantaban música mientras este esquivaba en una compás de tranquilidad y armonía, bailaba con Hirume la danza de muerte que solo se baila cuando se mira la vida sin respeto. Hirume lleno de cólera atacaba fervorosamente sin perder la concentración, no se explicaba como sus ataques eran esquivados de una forma tan sutil y musical.
Armonía, paz, serenidad, eso era Nishinu, eso brotaba de cada uno de sus poros, era uno con el viento, uno con la naturaleza, veía todo con demasiada claridad, nada podía dañarlo, nada podía romper lo perfecto. Lentamente el filo se acercaba a su cuello, lentamente esquiaba, lentamente vivía aquel momento efímero que nunca antes había vivido.
- ¿Será esta la armonía? – se preguntaba mientras continuaba el mágico baile que cada ves desconcertaba más a su enemigo.
Súbitamente Nishinu dejo de retroceder, ya no esquivaría más, ya no era necesario, sus ojos negros como agujeros absorbían la esperanza del que ya no podía vivir.
- Temible eres Nishinu, y temible tu espíritu que sereno evade y sereno también habrá de impartir muerte. La armonía te rodea como nunca antes vi en ningún discípulo, como pocas veces vi en un maestro, como pocos creyeron que existiera. Privilegiado aquí, y hoy al verte, cuando la muerte me abraza, me alegro de ver un destello de la luz que me acompañará en mi camino. – así pensó Hirume el indomable, cuando un destello rojo surco el viento con determinación, así pensó antes que la espada roja que Nishinu blandía con maestría, separara su cabeza del cuerpo inerte que ahora caía estrepitoso.
Enfundo, y pensativo se quedo un rato, miro el cielo y las estrellas como nunca antes lo había hecho, no tardo en darse cuenta, volteó la cabeza y allí estaba. Ojos verdes asesinos que se posaban sobre su figura.
- Nishinu – la vos inconfundible de Shinryu resonó con mil ecos que bañaron la noche.

UN PROFÉTICO FLORECER,

“ ...la gloria y el poder que trae la niebla a los más sabios inundará el clan. Cuando su poder no se compare y su voluntad sea destino, cuando las mortíferas manos de un discípulo sean un desastre natural, cuando el poder sea incontenible el clan caerá en oscuridad y los objetivos cientos años atrás cumplidos perderán el valor para los que serán ya desconocidos ante mis ojos ... huirán y serán buscados, se esconderán en vano, lucharan sin éxito, sufrirán la desesperanza. Así serán los últimos días de los que serán purificados en contra de su voluntad.
... sin misericordia ejecutados para curar el mal y la ofensa que el mundo vivió cuando con venganza tomamos las riendas de nuestro propio destino, cuando decidimos no morir en vano. Sus cráneos rotos y sus cuerpos sin sangre serán los únicos testigos de lo que nadie conoció, de lo que se gesto en la oscuridad donde solo podía existir.
... sufrirán mientras huyen de la sombra de la muerte, de los ojos que los seguirán hasta sus mismos pensamientos, por que como una sombra atacaran, silenciosos y asesinos, más mortales que la vida misma... ”

Akalim

Y como el profético Akalim escribió una ves, así ocurrieron las cosas, asesinos a sueldo y mercenarios llamados Akalim que fueron el arma predilecta para resolver cuestiones de poder, política y dinero. Así fue, y ante los ojos de los maestros la degeneración del clan fue un hecho y los ideales y la filosofía del clan se volvió un arma de doble filo, por que la lucha por sobrevivir a cualquier costo y tomar todo lo que estuviera al alcance desemboco en ambición y avaricia por parte de muchos miembros que cansados de una vida de disciplina y sacrificios utilizaron su inmenso don al servicio del mundo del que se habían alejado por tanto tiempo. Todo paso tan rápido que solo la purificación podría salvar al mundo de un poder incontrolable.
Shinryu, vencedor, dotado entre los mejores, titán de las sombras como se le conocía, empezó la purificación antes que nadie, tenía diez y seis años cuando asesino al primer Akalim, y trece años después había asesinado a varias decenas. Fue juzgado, odiado y creció peleando por su vida tras un sin fin duelos de los cuales salió victorioso. Muchos fueron los tormentos que soportó antes de poner al descubierto la triste realidad que Akalim había vislumbrada cientos de años atrás, el clan se había desintegrado, y la purificación debía comenzar.
Otros maestros y discípulos se unieron a su cruzada mientras otros tantos repudiaban estas acciones alegando que la purificación aun no era necesaria, que el clan aún no debía morir. Estas discusiones se desarrollaron a través de los años mientras las guerras internas y las filosas intenciones chocaban.
Cuando se descubrieron emperadores títere e imperios regidos por miembros del clan Akalim nadie pudo negar que la purificación debía empezar y finalmente se convocaron a los ejecutores, que se reunirían en la cueva del destino para planear la muerte y la destrucción de lo que hacía dos mil años había comenzado.

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29 Agosto 2005

El Clan Akalim cap V VI VII VIII

SHINRYU, KIVEDA

Kiveda llevaba ya dos años en la ciudad de Londres, vivía tranquilo en una casa deshabitada, tenía su propio huerto y eran pocas las veces que salía, se vestía generalmente con un kimono azul oscuro que había robado años atrás y la mayor parte del día meditaba buscando la armonía perfecta entre cuerpo y espíritu.
En un día gris de Septiembre Kiveda vistió su abrigo y salió a comprar algunas semillas como un ciudadano más, el dinero lo había robado hacia ya varios meses a un supermercado y le era más que suficiente para sus ínfimos gastos.
Pantalón de dril, suéter de algodón y gabardina negra, acompañado de zapatos mocasines negros, así se vestía y caminaba por la calle disfrutando de la multitud que no veía hace varios meses.
La paranoia en Kiveda había desaparecido después del primer año, el mundo era demasiado grande para esconderse, aun así nunca dejaba su daga que llevaba en la manga de su gabardina.
Esa mañana caminaba serenamente por la acera, y como hacia algo de frío decidió entrar a un pequeño café de largos ventanales junto a un gran hotel de grandes columnas. Tomo su café lentamente y se distrajo mirando los carros pasar mientras el humo de la taza nublaba un poco su vista ¡Delicioso!
Pidió la cuenta en un ingles muy pausado pero constante, se puso de pie y como sui una flecha de hielo atravesara su corazón sintió como se le helaba su sangre ante el espectáculo que sus incrédulos ojos tenían enfrente. Clavo sus ojos en un coche negro deportivo y como si el tiempo corriera lentamente observo de abajo a arriba la figura inconfundible del verdugo de verdugos.
Zapatos negros que brillaban con la mañana, pantalón de paño negro, gabardina negra que llegaba hasta las pantorrillas, una camisa blanca que contrastaba con aquel negro espectáculo de corbata, sombrero y lentes oscuros que indudablemente ocultaban unos ojos verdes asesinos. Todo esto en unos pocos segundos que se hicieron agónicos para Kiveda que enfrentaba una difícil decisión.
Si seguía actuando normalmente tal vez pasaría desapercibido, pero seria un riesgo muy peligroso, esconderse podría llamar la atención de los habitantes del local, una perturbación ligera que Shinryu fácilmente notaria ¿Qué hacer?
Antes de poder decidir y a pesar de los lentes oscuros Kiveda supo que había sido descubierto, pero eso ya no importaba, se dio cuenta que el miedo que había sentido había sido un producto del encuentro de una época que cada vez se hacia mas lejana y que ahora volvía mas rápida y fugaz que una tormenta tropical. No sintió miedo y siguió mirando a Shinryu, Kiveda confiaba mucho en sus habilidades, y los años de meditación en el nuevo mundo le habían permitido explorar nuevas formas de entrenamiento, por otro lado la idea de matar a Shinryu era muy tentadora, era como acabar con todos sus problemas de un solo tajo ¡Literalmente!
Shinryu se cruzo de brazos enfrente del auto y Kiveda tiro un billete en la mesa y se dispuso a salir, caminó lentamente al salir del local mientras un ligero viento levantaba las hojas del suelo mientras el Akalim caminaba con paso firme y presto a desenfundar su daga ante el menor movimiento sospechosos de Shinryu.
Sabia que debían enfrentarse, y mientras caminaba lentamente se preguntaba si sería allí, se preguntaba si Shinryu estaba armado ¿Qué clase de arma llevaría? No importaba lo que sucediera, Kiveda se creía el único capaz de vencer a Shinryu, sabía que Nishinu había escapado, y aunque su fuerza de voluntad era extraordinaria no lo veía como un rival para Shinryu, le aterraba la idea de que hubiera salido vivo de la cueva, encerrado con siete Akalim de tan alto rango ¿Qué técnica había utilizado para vencerlos? ¿Podría el contener su furia y evitar la oscura muerte?
-De alegría me colmas Kiveda al dejarme ver tu rostro, más de dos años han pasado desde tu fugaz huida y veo que te has adaptado muy bien al extraño mundo que hemos encontrado ante nuestros ojos-
Y la voz de Shinryu fue como un susurro que trajo a la cabeza de Kiveda las palabras que con la misma serenidad había pronunciado el día que los mato a todos.
-Extraño destino que nos pone ante tan turbios parajes Shinryu y extraño destino que nos reúne hoy como el encuentro de dos caminos que desembocan en solo uno-
Shinryu levanto ligeramente la mano y la llevo lentamente hacia su rostro, Kiveda temió un ataque y deslizo suavemente su pierna izquierda hacia delante adoptando una sutil postura defensiva, Shinryu sonrió ligeramente y su mano continuo subiendo hasta alcanzar sus lentes negros que retiro de su rostro para guardarlos en su bolsillo.
-Veo que estas muy prevenido Kiveda ¿Acaso quieres empezar ya la batalla? O huirás como ya es tu costumbre, sería lo mas sensato que podrías hacer porque ya desaprovechaste tu oportunidad de matarme en la cueva, cuando la ventaja era tuya, pero ahora somos solo tu y yo y la tarea que me ha sido encomendada que es para mi mas importante que mi propia vida, por eso hoy yo tengo la ventaja, porque mientras tu luchas por tu existencia yo lucho por algo mucho mas importante que la mía propia, así que mis deseos son mas altos y mas fervorosa es mi voluntad de vencer-
-Tal vez para ti tu vida no valga nada y seas el buen perro pastor del maestro Cheng Son, pero mi existencia esta más allá de una estúpida leyenda que solo trae desgracia a quienes bien hemos servido al clan-
Los ojos de Kiveda estaban llenos de furia, se había molestado con las palabras de Shinryu y no aceptaba que este menospreciara su vida sobre unos ideales que el nunca seguiría. Pasó por su cabeza desenfundar la daga y atacar pero con un profundo respiro la armonía de su cuerpo le hizo comprender que la calma era su amiga, y la sorpresa de un arma escondida su mejor estrategia.
Y se miraron fijamente y todo pareció oscureces a su alrededor, incluso la gente que caminaba por la acera los evitaba sin saber porque, pero la realidad era que su concertación era inmensa, tal que ambos desconocían a su rival pues nunca ninguno había visto los ojos de la muerte en el otro.
-Sacar la daga y atacar sería un movimiento demasiado complejo, y fácilmente esquivado por Shinryu, de hecho en esa posición ningún ataque podría alcanzarlo, a menos que me concentrara profundamente en el golpe descuidando mi defensa, aunque Shinryu tal vez no se enteraría, además ninguno de sus ataques seria efectivo en este momento, ninguno de los dos se arriesgaría a atacar y perder su postura-
Kiveda tomo su decisión, se concentro en el pecho de Shinryu sin desviar la mirada siquiera un instante, y aunque lo veía con los ojos solo veía su pecho y todo alrededor estaba oscuro para el, un ataque de Shinryu seria fatal.
Shinryu por su parte esperaba pacientemente tenia todo el tiempo del mundo para esperar a que Kiveda atacara o a que se distrajera tan solo un instante en el que fuera vulnerable.
Kiveda por su parte preparaba cada músculo de su cuerpo para asestar el golpe, y la adrenalina corría por su cuerpo como un torrente pues sabía que en cualquier momento podría encontrar la muerte ante la menor distracción.
-¡No lo notó!
Kiveda supo que Shinryu no lo había notado, su orgullo no le permitía sospechar que podría recibir un ataque efectivo en esa posición.
Y el silencio citadino de la concurrida calle se vio interrumpido por el silbar del viento rasgado por la casi flameante pierna derecha de Kiveda que se desprendió del suelo de forma tal que sus pantalones se rasgaron de la rodilla hacia abajo. El asombro de Shinryu fue mas lento que sus propios reflejos, porque atónito quedó al darse cuenta que su rápida reacción seria casi inútil, sus manos se cerraron formando una equis en su pecho, que fue atravesada por la pierna de Kiveda que arrastro los brazos de Shinryu contra todo su pecho transmitiendo todo el poder de tan increíble patada.
Cólera, dolor e indignación sintió Shinryu mientras sus pies se desprendían del suelo y volaban inevitablemente hacia el auto negro
-¡Maldito!-
La espalda de Shinryu de estrello contra la puerta del lujoso auto, que se hundió como su un toro la hubiera embestido, el impacto hizo parpadear a Shinryu en contra de su voluntad, y cuando abrió los ojos mientras su espalda seguía penetrando la puerta el destello de una daga que con la tenue luz de la mañana relucía, hizo sentir a Shinryu el frió de la inminente muerte. Shinryu recordó su propio movimiento cuando cual saeta se abalanzó contra Korugy, porque de manera similar volaba Kiveda hacia el corazón de Shinryu, podía escucharlo latir de excitación, de miedo, de resignación, mientras el suyo latía aun mas rápido, pues cada fracción de segundo que pasaba y la daga se acercaba más y más a Shinryu el sabor de la victoria se hacia cada vez mas glorioso.
-¡Vida!-
Y cuando el impacto se hizo inminente Kiveda bajo la cabeza instintivamente, protegiendo su rostro del fatal impacto, y ciego sintió como una corriente de viento pasaba por su lado mientras su golpe atravesaba lo que quedaba de puerta y continuaba con asientos hasta llegar a la otra puerta que se abrió como la tierra húmeda ante una filosa espada para dejar asomar los brazos y la cabeza de Kiveda.
-¡Pero cómo!-
Kiveda retiró los brazos y su cabeza de la agujereada puerta dando vuelta con una rapidez felina mientras divisaba una sombra escabullirse por el techo del restaurante, salió del auto y subió al techo de un salto ante el asombro de la gente que ahora miraba atónita el destruido porche que emitía un ruido de alarma.
Desde el techo nada se divisaba, y aunque Kiveda busco por más de seis horas sabia que no podría encontrarlo y que su encuentro final con Shinryu solo se había postergado un poco, también sabia que el golpe no había dejado a Shinryu en condiciones de pelear de igual a igual lo que lo hacia feliz y en medio de una ventisca y parado en la azotea de un pequeño edificio una leve sonrisa apareció en su rostro, pues sabia que la primera victoria era suya.
Al otro lado de la ciudad el agitado Shinryu caía de rodillas en un gran parque escupiendo sangre por la boca, y por dentro hervía de ira y de impotencia, pero poco a poco se fue calmando hasta que aquellos ojos verdes inyectados de sangre volvieron a ser casi dulces.

EL CLAN AKALIM

Y en el misterioso anonimato se encontraba el clan Akalim que se extendía a lo largo del bosque en construcciones de bambú que comprendían el hogar de todo el clan. Vivian de pequeños huertos que aprendían a construir desde muy pequeños, el clan era conformado por hombres que se dedicaban a entrenar su mente y espíritu toda su vida para alcanzar algún día la armonía perfecta, monjes que amaban la paz y protegían las aldeas, traían la negra muerte a los saqueadores, y su presencia se volvió una leyenda con el paso del tiempo, nadie se atrevía a perturbar el orden por miedo a perder su vida.
Robaban bebes y los entrenaban desde el mismo instante en que pisaban el campamento, conocían todo tipo de hiervas y su medicina, junto con su poder mental hacían la combinación perfecta para sanar casi cualquier herida o enfermedad.
Su jerarquía estaba organizada por habilidades, los maestros en primer lugar que eran los más sabios y habilidosos, luego los alumnos que compartían cargos de acuerdo a las habilidades demostradas, nunca había más de diez maestros y el numero total del clan Akalim jamás superaba los cien integrantes.
Los maestros eran los encargados de perfeccionar y desarrollar nuevas técnicas de curación, meditación, combate o entrenamiento, su relación con los discípulos requería de mucho respeto, solo los mejores alumnos tenían acceso a las técnicas mas secretas de cada maestro, aunque los sabios ancianos siempre guardaban una técnica mortal que solo ellos conocían, así garantizaban que ninguno de sus discípulos pudiera superarlos en caso de iniciarse la purificación.
La purificación provino desde los inicios del clan Akalim, cuando el hijo menor del señor Hirotomy, Kaito el vidente como se le conocía predijo que llegaría el día en que la fuerza de los Akalim se haría incontrolable y corruptos miembros destruirían los ideales del clan convirtiéndose en lo que ellos trataban de destruir, también dijo que la llegada de ese día traería el fin del clan Akalim, que debería ser destruido por sus mas altos miembros, que deberían purificar el clan acabando con todos sus miembros. La historia no era totalmente clara y muchos afirman que la purificación seria llevada a cabo por un grupo, mientras que otros afirmaban que debería ser solo uno el ejecutor de tan cruenta hazaña.
La filosofía del clan Akalim era su mas fuerte arma, creían en la naturaleza y en que al morir se convertirían en parte de ella, tenían la firme convicción que todo lo que pudieran conseguir con su fuerza y su astucia podía ser suyo, el sentido de pertenencia crecía con sus habilidades, si tenían el poder de conseguir algo nada se reprochaba.
Desde pequeños se es enseñaba que el clan Akalim no era una familia, cada integrante debía aprender bien para poder vivir sin ningún tipo de ayuda, esta condición se lograba a la edad máxima de siete años, edad en la cual se era considerado un verdadero miembro autónomo e independiente que viviría por sus propios medios hasta el día de su muerte, debían alimentarse, sanar sus propias heridas y entrenar por su propia cuenta las enseñanzas que iban recibiendo, si algún mimbro no podía cumplir esos requisitos era ansiado a reunirse con la naturaleza después de su muerte, cada año se realizaban pruebas de habilidad en donde los mas débiles estaban destinados a morir, lo hacían voluntariamente, porque los Akalim no le temían a la muerte, solo a la derrota.
El principal objetivo del clan Akalim era proteger la aldea como lo habían hecho sus antepasados, cuando su poder aumento y esta tarea fue sumamente fácil, se preocuparon por entrenar más y mas y buscar lo que ellos llamaban la armonía, que representaba la paz interior total entre cuerpo y espíritu, la sensación de no tener limites, de libertad total, de ser uno con la naturaleza, esa armonía se alcanzaba después de la muerte, cuando el espíritu luchaba mucho tiempo para fusionarse con la naturaleza. Creían que entre más cerca se estuviera de la armonía en vida menores tormentos debían soportar en la muerte para alcanzarla, así vivían y así morían, haciéndose cada vez mas sabios y más poderosos, esperando una profecía que seria devastadora y fatal.

LA CACERIA
En la penumbra de la noche tres sombras interrumpían la paz con un silencio mortal, habían llegado a Berlín hacía ya dos años y sembraban el terror en la noche, asesinaban a los habitantes de una casa y se quedaban ahí hasta que alguien se diera cuenta de que algo faltaba. ¡La fría Europa!
Las autoridades buscaban a los asesinos pero su paradero era un misterio, desaparecían de forma casi fantasmal. Algunos rumores ya corrían por algunos sectores de la ciudad se hablaba de una maldición.
Desentrañable misterio el que desprendían estos tres jóvenes que encontraban en la metrópoli el lugar perfecto para vivir sin ningún tipo de ataduras, como se les había enseñado. Los Akalim siempre fueron libres, pero atados al clan. Con la huída habían experimentado una sensación única, la sensación inigualable de la supremacía, de estar por encima de todo, de no seguir como ovejas un rebaño, de ser únicos e inigualables.
Era demasiado fácil vivir en la ciudad, era la jungla perfecta en donde se podía vivir en cualquier lugar era fácil matar y fácil escabullirse de aquellos tipos de uniforme que solo sabían causar alboroto, poner sus cintas en todos lados y morir como cualquier mortal.
Tres Akalim trabajando juntos, un curioso equipo, nunca antes visto. Iba contra toda la filosofía del clan, pero ya que importaba, no había clan y se podía hacer lo que se quisiera. Matar y tomar todo lo que estuviera a su alcance, eso hacían casi todas las noches, tres adolescentes que se divertían con lo único que podían hacer, con lo único que conocían, para lo que habían sido entrenados, no había bien o mal, no había correcto o incorrecto, solo su espíritu y su voluntad. Nunca podrían adaptarse a la sociedad, o siquiera intentarlo porque no veían mas allá de sus propios ojos o del mañana, Vivian cada día primitivamente, seguían sus instintos y eso era lo único que importaba.
La mirada de la muerte se había posado sobre ellos hacia ya tres días, paciente y amenazante, como una araña, así era Shinryu, que desde la sombra miraba con vergüenza a los jóvenes que deshonraban el clan. Esperaba el momento oportuno para atacar sin que ninguno escapara, y al tercer día tubo su oportunidad cuando todos se refugiaron en un apartamento que asaltaron esa misma noche, estaba vacío y no hubo muertos.
Los tres jóvenes se instalaron despreocupadamente y se deleitaron con la televisión que aun no entendían y con la comida que sacaron del refrigerador que ya reconocían con facilidad.
Trágico destino que los veía desde la ventana sin que ellos lo notaran. Ojos verdes que se habían posado sobre sus cabezas arrebatándoles la ilusión de vivir un día más
-¡Ahí están!-
Shinryu había aprendido bien las costumbres del nuevo mundo, era un excelente observador y su adaptabilidad era sorprendente, solo había tenido que esconderse durante seis meses hasta que cambio su ropa y salió a caminar como un ciudadano mas, rápidamente aprendía esa nueva lengua y a comportarse para pasar desapercibido, invisible como todo un Akalim, solo fue cuestión de tiempo para que leyera los periódicos y buscara sucesos relacionados con los miembros de su clan, cosas que solo para el tenían sentido, los buscaba también con su pensamiento y su espíritu, cuando estaban cerca podía sentirlos, se pasaba horas caminando en una concentración total buscando a sus presas, impartiendo la merecida muerte en su imaginación.
Había viajado en tren hasta Berlín y le tomo una semana encontrar a los “fantasmas” del periódico, sintió lastima por ellos, eran jóvenes que nunca podrían adaptarse, animales tratando de sobrevivir, nunca podrían tomar un tren o vestir ropa de ciudad, ni siquiera sabían que sucedía, solo la muerte traería claridad a sus almas. Los observaba sujetándose en las rejas de la ventana, vestían ropajes negros, llevaban dagas y uñas de acero consigo, tomaban una soda y comían papas fritas mientras afilaban sus armas, eran una visión llena de lastima de una especie en vía de extinción, no se podía posponer más.
Cuando sonó la puerta todos tomaron sus dagas y se pudieron de pie con una velocidad fantasmal.
-Toc, toc- otra vez, y la habitación quedo vacía, Escondidos miraban fijamente a la puerta, se preparaban para el ataque.
El siguiente sonido que se escucho fue el de la puerta viniéndose abajo, y detrás de ésta, la negra e inconfundible figura de ojos verdes asesinos.
El miedo se apodero del lugar, el miedo y la desesperación, la angustia de tener a la muerte un paso adelante, esconderse era inútil, todo era inútil, el único alivio es que sabían que seria rápido.
Como todo un equipo salieron de las sombras y se pararon frente a el, no planeaban morir solos
-Por su recibimiento supongo que saben que hago aquí. Muerte a los Akalim proclamo e imparto como se me ha encomendado, libres son de buscar su salvación valiéndose de su propio espíritu-
Definitivamente era la voz de Shinryu que detrás de sus pantalones y suéter negro podría pasar por cualquier ciudadano en la gran metrópoli.
-¡Maestro Shinryu!- dijo uno de los jóvenes.
-¡Calla!- contesto Shinryu de inmediato
-Implacable será la furia de mi brazo contra los que deben ser purificados y ni todos los poemas u oraciones podrán salvarte en los tiempos del olvido.-
Y como si volara sobre la alfombra Shinryu salto sobre los tres jóvenes que lucharon por su vida sin éxito, mientras sus almas abandonaban sus inexperimentados cuerpos y el dolor de la derrota oprimía sus corazones.
Tras los pasos del ejecutor humo y fuego rugiente consumía los recuerdos de las vidas que nunca fueron.

LA HISTORIA SEGUNDA PARTE

Llovieron lágrimas en el bosque oscuro y la noche asomo más temprano, llevándose la roja tarde que no contaba ya con testigo alguno.

Kaito se recostó contra un árbol con la mirada perdida en el horizonte, su rostro inexpresivo traía la lastima a sus hermanos. Se sentó en la tierra y ni todo su talento pudo plasmar en una imagen mental la confusión que sentía. Hishido trataba de demostrar valentía por su condición de hermano mayor, pero lagrimas de rabia se escurrían por sus ojos recordando la amarga muerte que sus ojos recordando la amarga muerte que a su paso arrebataba todas las ilusiones que un día tubo y las que habría tenido si sus padres aun vivieran.

Ananime había acompañado a Hirotomy hasta el final abandonando incluso a sus propios hijos por morir al lado del que siempre había amado. Hirotomy sabia que la decisión de su esposa era definitiva, y aunque quiso nunca trato de impedírselo, Hishido tomo el control dela familia y la seguridad de sus hermanos a su cargo ante la dura decisión que había tomado su madre, y por muchos deseos que tubo de rebelarse y luchar nunca se puso por encima de lo que representaba su familia.

La mirada de Akalim se poso sobre los que lo acompañaban, mujeres, niños y ancianos que no tenían lugar en la guerra, madres y sus pequeños sin futuro ni esperanza. Tragándose las lágrimas y los versos de odio que su inspiración traía. Caminó hacia un claro en el bosque y clavo el primer trozo de bambú de lo que seria una pequeña aldea. Trabajo por tres meses ayudado por todos los desplazados y al terminar este periodo comprobó que todos tenían techo y una pequeña fuente de alimento en algunos huertos que también habían construido. En todo el tiempo no había pronunciado palabra, y cuando todo estuvo terminado lloro amargamente lo que ya todos habían llorado, mientras pronunciaba lo que se convertiría en un famoso proverbio Akalim.

-Llora la muerte de tus amados con fervor y sin las preocupaciones que te impiden estar triste-

Junto con los germanos Fuhy 15 niños(varones) mas habían perdido su familia, Akalim se reunió con Hishido que era el mayor de todos y los convocaron a todos una noche en medio del bosque.

Y reunidos alrededor de una piedra se preguntaron para que habían sido llamados, mas el silencio reino cuando la mirada de determinación de Akalim los recorrió mientras caminaba y se subía a la piedra, todos lo miraron perplejos, pues nunca en su rostro se había visto tal mirada.

-En la muerte aun lloran los que injustamente murieron, y amargo es el dolor que pesa sobre los que aun viven. Pasivos e indefensos ante la muerte, ante los sueños que nos fueron arrebatados de nuestros propios hogares- la vos de Akalim no era ya ka de un niño y sobre sus ojos pesaban el odio y el dolor.
-¿Por qué pasivos?- grito sorprendiendo a todos.

-¿ Debemos llorar la muerte de nuestros padres y refugiarnos en el bosque como animales? ¿Debemos correr porque nuestro único pecado es estar vivos? Corran si quieren, asústense y lloren como los niños que son y serán esclavos del pasado para siempre, llevaran el yugo de la opresión y también sus hijos ¿Por qué? Por la guerra infame que liberan los que no conocemos ¿Por qué motivo? Por los intereses que nunca comprenderemos, pelean por un pedazo de tierra, por un cultivo, eso somos para ellos, un pedazo de mapa dibujado en algún libro. Si ustedes quieren lloren y sufran la maldición que ha caído en nuestro pueblo, y así será para ustedes y sus generaciones, háganlo y sean las ovejas de los que sangre hicieron correr en nuestra aldea, pero no crean que yo o alguno de mis hermanos los acompañara a tal destino porque hoy en esta piedra y ante ustedes juro que vengare la muerte de los que ame y me han sido arrebatados, juro que lo haré así me cueste cien vidas-

Enardecidos los corazones , y amargas lágrimas de rabia despertó Akalim entre los que lo escuchaban. Todos sintieron en su corazón el deseo de muerte y de honor

-Pero que podemos hacer Akalim, solo Hishido sabe pelear, los demás somos solo niños- dijo uno de los huérfanos

-La paciencia nos dará la victoria, porque sabio es el que sabe esperar cuando aun es débil. Nuestra juventud es nuestra mayor ventaja. Somos dueños de nuestras vidas y nuestros destinos, podemos hacer con estos lo que queramos, y todos sabemos que queremos, los llamo hoy y los invito para que vengan conmigo y mies hermanos a construir lo que será la perdición de nuestros invasores y de quien los dirige. Su clan esta por encima del hombre y del tiempo, el nuestro estará por encima de sus mismos dioses-

Así hablo Akalim y todos lo siguieron, abandonaron lo que quedaba de sus familias y se adentraron aun más en el bosque donde nadie podría encontrarlos jamás.

Desde el principio Akalim tomo el liderazgo del grupo y su autoridad nunca fue cuestionada, sabia lo que hacia y lo que quería algo indispensable para el resto de los niños que aun no superaban haber perdido sus hogares. Akalim los dividió a todos y los mando a explorar y conocer el mundo, jurando con un pacto de sangre volver a reunirse pasadas cuarenta primaveras. Unos fueron enviados a los monasterios de norte, otros a los templos del sur, otros a las montañas y otros a las grandes ciudades. Akalim y su hermano Kaito partieron hacia las colinas en donde se sabia había u templo de monjes de paz que meditaban buscando la iluminación del espíritu. Dos años tardaron el llegar preguntando a los transeúntes y comiendo lo que se atravesaba en su camino, Kaito fue una gran compañía y su hábil pincel plasmo todos los pensamientos de Akalim en manuscritos que escribieron por cincuenta años, Akalim se convirtió en un maestro en el arte de la meditación, y su concentración no tenia igual, veía las cosas con una perspectiva única, y pasaba largas horas escribiendo con Kaito lo que seria el clan que acabaría con el imperio que reinaba sobre su mundo. El tiempo paso sin prisa y al cabo de cinco décadas se reunieron de nuevo, Akalim había ordenado a todos antes de partir que cuando la reunión llegara cada uno debería llevar dos bebes varones consigo, sin importar de donde vinieran. Así pues cincuenta años después se reunieron los quince ancianos y los treinta niños que fundarían el clan. Cada uno de los ancianos se había convertido en un maestro, guerreros, sacerdotes, herreros, monjes y boticarios hacían parte de los que allí se encontraban. Akalim hablo con cada uno durante meses y nadie nunca discutió su liderazgo o sabiduría, porque aunque su fuerza física no se comparaba con muchos de los ancianos indudablemente era el mas sabio de todos, sus manuscritos contenían lo que seria la vida de cada miembro del clan, los conocimientos que deberían recibir, los ideales que deberían seguir y como evolucionarían a través del tiempo, era una obra como ninguna que plasmaba el destino de los treinta niños que allí se encontraban y de otros cientos que serian robados y llegarían al clan con el paso de los años, niños de todas las razas que serian criados con un único fin, con un único propósito, bajo una misma voluntad. Con la mezcla de todos los conocimientos crecieron y se entrenaron muchas generaciones que mejoraban una tras otra, cada vez más mortales y feroces, cada vez más perfectos, como Akalim lo había soñado. así se fundo el clan Akalim que adoptaría ese nombre después de la muerte del venerable maestro Akalim a sus ciento cincuenta años, así creció el mas mortífero grupo que conocería la tierra, en eso se convirtieron los quince niños asustados que un día huyeron de caza. Tan solo veinte generaciones bastaron para que clan Akalim destruyera el mas grande imperio que había conocido esa tierra, porque como fantasmas atacaron y fueron temidos, demasiado poderosos, demasiado mortales para ser detenidos, cumplieron el juramento hecho por un niño quinientos años atrás, vengaron la muerte de los inocentes que solo ellos recordaban.

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29 Agosto 2005

El Clan Akalim capitulos I II III IV

SHINRYU IMPARTE LA NOCHE

Y nunca mas amaneció para los que a la reunión asistieron, pues Shinryu aquel muchacho joven de ojos verdes y cabellos negros trajo la noche a los ejecutores Akalim, sin vacilar un solo instante.
La cueva se ilumino en la entrada y se percibió claramente la sombra de Shinryu que al mirarlos a todos pregunto de forma tal que su voz pareció solo un susurro - ¿ Donde esta Nishinu? – El silencio se convirtió en la respuesta que necesitaba y un destello de rabia se vio a través de sus dos ojos. Respiro profundamente y con el mismo tono de voz susurrante dijo:
- Henos aquí a loa ejecutores del clan Akalim quienes desataremos nuestra furia contra los que corrompen nuestra sabiduría. El día final se acerca y todos estaremos muertos para enterrar la fuerza incontrolable no digna de los mortales – El viento agitaba los ropajes negros de Shinryu mientras este hablaba y caminaba lentamente hacia adentro de la cueva. Cuando pudo alejarse del viento se detuvo y una vez mas respiro profundamente para continuar hablando – Los ejecutores deben aceptar su destino voluntariamente, así que quien no este de acuerdo con la responsabilidad que los sabios han impuesto debe manifestarlo ahora - Y el silencio se convirtió en respuesta una vez mas porque el miedo reinó en aquella cueva, ya que todos sabían que quien renunciara seria ejecutado allí mismo por sus demás compañeros, tan rápidamente que la muerte le alcanzaría antes de tocar el mismo suelo.
Y ante el silencio Shinryu hizo una venia de aceptación sin cerrar nunca sus ojos. Tomo aire de nuevo y su mirada se volvió tan penetrante que todos en la cueva quedaron perplejos.
Separo sus piernas y apretó sus puños.
En ese momento Kurogi (el astuto) supo lo que sucedería, pero ni toda la astucia ni su habilidad le sirvieron para alcanzar la entrada antes de que Shinryu la golpeara violentamente con su mano abierta para desprender las rocas y dejarla sellada.
Mientras las rocas se desprendían Shinryu salto hacia delante con las manos y los pies extendidos dándole la imagen de una flecha mortal.
Sus manos eran su guía y se dirigían velozmente hacia Korugi quien corría desesperado hacia la entrada.
Y a todos sin excepción se les helo la sangre ante lo que sus ojos vieron, porque mientras las rocas caían perdieron de vista a Shinryu quien salió demasiado rápido e inadvertido como un verdadero Akalim. Mientras e resto observaba a Korugi correr porque como la gacela que perseguida por una fiera corre para salvar su vida así corría Korugi y habría alcanzado la salida antes de que se sellara la cueva si por su espalda no hubieran asomado los brazos de Shinryu que atravesaron su cuerpo asomándose casi hasta el codo. Y así como entraron salieron cuando Shinryu arqueo su cuerpo horizontal hacia arriba describiendo una vuelta perfecta en el aire para caer mirando al frente con la cabeza abajo mientras a su espalda yacía el cuerpo sin vida de Korugi.
Cuando Shinryu levanto la mirada se encontraba solo en la cueva. Camino lentamente hacia la entrada sellada y se agacho para recoger una daga, se levanto de nuevo muy lentamente y con la misma calma con la que había hablado antes dujo:
- Korugi ha muerto. Y Kiveda digno representante Akalim ha escapado veloz como el rayo de la noche que solo se ve cuando ha alcanzado su destino. También esquivo la daga con la que me propuse acabar con su vida, pero sus habilidades solo prolongaron durante un tiempo su vida. Porque ni él ni Nishinu evitaran la oscuridad de la muerte cuando yo los alcance.
Solo debe haber un ejecutor y ese será el que salga vivo de esta cueva. Y pueden esconderse pero no evitar el destino porque la purificación empezara hoy con su sangre –
Y todos miraban al verdugo Shinryu desde diferentes partes de la cueva sabiendo que no se podrían esconder por siempre y que tarde o temprano tendrían que enfrentar el filo de su espada, pero seis Akalim como los que se escondían allí eran demasiados para cualquier mortal y todos confiaban en que Shinryu a pesar de su vasta concentración caería antes de vencerlos a todos.
Y esa noche junto con las dos siguientes solo se percibió silencio desde afuera de la cueva, cuando amaneció por cuarta vez se escucharon gritos y el metal chocar, y la cueva se estremecía de los golpes que recibían sus paredes, para luego volver a escuchar silencio durante largas horas y comenzar de nuevo el sonido de la aniquilación.
Y fue hasta el décimo día en que las rocas que sellaban la entrada fueron removidas lentamente hasta dejar un pequeño agujero por el que se asomo la mano ensangrentada del único sobreviviente.
Solo se distinguían los ojos verdes mientras se arrastraba, y cuando logro salir penosamente de la cueva se pudo apreciar el cuerpo de Shinryu lacerado. Su brazo izquierdo estaba casi desprendido por completo por un tajo visible en su hombro, y era sostenido por las rasgadas ropas de algún cuerpo sin vida dentro de la cueva. La tela que cubría antes su pierna derecha estaba rasgada y tres visibles heridas asomaban por su muslo. Y así cojeaba y protegía su brazo mal herido, caminaba torpemente con los ojos desorbitados y en ves de sudor de su cabeza bajaba sangre, gotas de sangre que caían y se ramificaban cubriendo sus blancas mejillas. Un día entero le tomo llegar al templo, y cuando los ojos del maestro Chen Son se posaron sobre su cuerpo cayo sin sentido sobre el suelo dejando al descubierto su cuerpo semidesnudo, del que ensangrentado salían sus costillas rotas.
-Has cumplido bien Shinryu ahora eres el único ejecutor Akalim como lo dice la leyenda, debes prepararte y sanar tus heridas, porque la cacería apenas comienza y lejos esta el día en que tu seas el único alumno que quede con vida –
Ya una semana había pasado cuando Shinryu despertó, se encontraba envuelto en hierbas y vapores que salían de las rocas incandescentes que lo rodeaban y nublaban su vista, pero no necesitaba ver para identificar a su maestro, Cheng Son quien paternalmente le hablaba y cuidaba de sus heridas.
-Antes que hablar de lo sucedido quiero saber una cosa maestro- su puño derecho estaba apretado y en el fondo de sus verdes ojos Cheng Son percibió un destello de cólera, y lo siguió observando hasta que aquellos ojos revelaron que mas que cólera era el orgullo roto de Shinryu que gritaba desde el fondo de su ser.
-Ningún guerrero Akalim debe depender nunca de nadie para continuar su existencia, debe tomar lo que necesite para sobrevivir, matando si es necesario, debe sanar sus propias heridas y su vida y destino debe depender de sus propias capacidades. Por eso la herida que tengo en mi espíritu supera todas las que pudieran causarme en la cueva del destino, y mi orgullo Akalim siente que ha sido traicionado. Respóndame maestro Cheng Son, habría alcanzado mi lacerado cuerpo la negra muerte que acompaña a los que mortalmente heridos se encuentran o después del largo sueño habría podido caminar y sanar mis propias heridas. Habría soportado mi cuerpo tal castigo sin la ayuda de sus curadoras manos o habría muerto alcanzando la derrota.
Respóndame maestro y hágalo mirando a mis ojos porque la respuesta de sus labios estará llena de verdad como todas las palabras que salen de su boca, respóndame porque necesito saber si gane o fui vencido, porque solo el que vive puede proclamarse vencedor, y si seis Akalim me hirieron de muerte soy yo tan perdedor como ellos que vagan confinados a recordar su trágica muerte.
Y Cheng Son lo miro a los ojos como pocas veces lo había hecho, y la mirada recia que lo caracterizaba adquirió un matiz de serenidad que se combino con una suave voz que no dejo duda de la verdad.
– Shinryu, razón tienes en decir que solo vence quien vive, pues es igual de perdedor quien muere después de impartir muerte. Dude en recogerte cuando llegaste malherido una semana atrás, y dude porque conozco el orgullo que te caracteriza. No dudo en que te hallas levantado tu solo, buscando las plantas que ya conoces para iniciar tu sanación y que en menos de dos años habrías sanado por completo tus heridas. Pensé en hacerlo, pero eso solo daría mas ventaja a los que ahora huyen de nuestra furia, por eso te recogí y decidí sanarte yo mismo, para que la cacería se inicie lo antes posible y la purificación se extienda sobre los que no merecen nuestra sabiduría para luego terminar con nosotros y dar fin a lo que ahora somos -
Shinryu acepto las palabras de su maestro e hizo una ligera venia en señal de aprobación, luego cerro los ojos y pensó en Nishinu y en Kiveda que habían escapado dejando incompleta la primera parte de su misión, y sintió mas ganas que nunca de recuperarse y salir a buscarlos para probar una vez mas que el era el mejor.

NISHINU HUYE

- Muchos han huido y me sorprende que aun estés aquí Nishinu, eres mi mejor alumno, pero nunca serás un buen ejecutor y tú lo sabes-
Las palabras de Yin Sen Po, llegaron a los oídos de Nishinu con la sabiduría que el siempre esperaba del que era su maestro hacia tantos años.
- Tiene razón maestro Yin, pero las ovejas que huyen juntas son encontradas mas fácilmente por los lobos, y así de veloces como huyeron los discípulos del clan, así de rápido morirán cuando sean encontrados por los ejecutores-
Y el espíritu de Nishinu se lleno de imágenes de horribles muertes y vidas extintas a manos de los que la muerte habían de llevar, y vio como morían todos uno a uno, y como indefensos trataban de luchar contra el inevitable destino.
La voz de Yin Sen Po lo interrumpió cuando dejaba volar su imaginación.
- Se ha convocado una reunión en la cueva del destino, allí se reunirán todos los ejecutores y con un pacto de sangre juraran exterminar a todos los que huyeron para poder morir con honor en medio de tantos infieles que deshonran nuestra sabiduría.
Ya que te has quedado Nishinu sabiendo que como mi mejor alumno te escogería para sé un ejecutor, debes asistir a la cueva para jurar junto con los otros nueve elegidos lo que será el inicio de la purificación-
Nishinu escucho pacientemente las palabras de su maestro, y con una seria mirada respondió serenamente:
- Maestro Yin, todos somos dueños de nuestro destino aunque solo podamos moldearlo. La disolución del clan Akalim en inminente y no estaré allí cuando la sangre de todos se empiece derramar como rió desbordado ¿Un ejecutor? Muchos estarían orgullosos, y ¿Quién no querría ser uno cuando la purificación llegue? Pero matar no me satisface, y menos cuando las victimas son los que he visto crecer con tanto esfuerzo, los que he visto aprender a vivir con sacrificios y dolor en este templo, no podría hacerlo-
Nishinu empuño su espada temiendo encontrar allí mismo la muerte a manos de su maestro, pero este lo calmo con una leve sonrisa.
-Joven eres mi buen discípulo, y revolucionarias ideas surcan tu cabeza, los sentimientos en un Akalim no deben ser mostrados como tú lo haces, pues la compasión es tan solo una debilidad más, que viene a través de los sentimientos. Pero la voluntad de los hombres es fuerte, y tan fuerte es que moldea paisajes y cambia el curso de los mares.
Si así piensas mi joven Nishinu y no quieres ver morir a los que llamas tus compañeros proclámate como el único ejecutor, y acaba con todos los que pretenden traer la noche, ve a la cueva y vuelve vencedor, cambia el destino si tu voluntad es tan fuerte.
Muchas veces te he visto luchar joven discípulo, y solo a ti te he enseñado cosas que nadie en este templo conoce, porque las técnicas pasan del maestro a su mejor alumno que tiene la obligación de mejorarlas para evolucionar el arte que crece y crece robándonos la vida para perfeccionarlo.
Fuerzas no te faltan Nishinu, pero nueve Akalim solo se pueden derrotar con la astucia y la voluntad digna de los antepasados que liberaron nuestras tierras hace tanto tiempo-
Y la idea retumbo en la cabeza de Nishinu como los tambores propios de un duelo, y lo hizo meditar durante un largo rato en el que el silencio reino en la habitación
-No puedo maestro-
Y en sus ojos se veía la cólera funesta que solo puede sentir el que impotente no puede cambiar lo que tiene ante sus ojos. Cólera y dolor de no poder detener la ola de sangre que reinaría incontenible.
- Me has enseñado muchas cosas maestro, y como tu muchas veces me lo has dicho, no hay nada mas que pueda aprender de ti, pero conozco mi cuerpo y mis fuerzas, y soy consiente del inmenso poder que corre por mi sangre, pero ni tu mas poderosa técnica, ni el sol naciente servirían para alcanzar la victoria.
He intentado perfeccionarla pero aun no esta lista, así que no tengo el poder para vencerlos a todos-
-Sabio eres al reconocer tus fuerzas Nishinu, porque el guerrero orgulloso siempre encontrará la muerte mas sorpresivamente, así que nunca podrá huir de ella.
No sé si lograrías salir con vida de la cueva, pero sé que de heridas mortales estarían llenos los cuerpos de tus atacantes, porque tu espada asesina siempre busca arrebatar la vida y la furia de tus manos arrebata el alma a quien es alcanzado.
Qué harás Nishinu, ¿Huirás para ser perseguido?-
Y una vez mas Nishinu tubo ganas de ir a la cueva y enfrentar su suerte, pero una ves mas su cordura fue su guía.
-Me iré maestro, me iré esta misma noche y dudo que volvamos a vernos algún día, porque no pienso volver ni acabar con mi vida como todos ustedes planean, ni pienso enterrar lo que con tanto esfuerzo he logrado. Pero no se preocupe, este será el ultimo templo Akalim, porque aunque mis conocimientos no morirán conmigo serán legados solo a una persona, que a su vez la legara a otra si así lo quiere hasta que nuestras costumbres decidan ser olvidadas por voluntad propia y no por el sometimiento que ustedes proponen-
Yin Sen Po comprendió las palabras de Nishinu, porque hacia muchos años el había sido joven y arriesgado, y su espíritu impetuoso había contrariado muchas de las enseñanzas del templo.
Por eso sabia que Nishinu no comprendería los motivos de la purificación, sin importar cuanto tratara de explicarle.
Así pues Yin Sen miró a los ojos a Nishinu, avanzo algunos pasos y se agacho. Empezó a remover algunas tablas flojas del suelo y saco un gran cofre largo y delgado, lo levanto casi hasta el pecho poniéndose de pie y volvió a mirar a Nishinu
- Toma mi espada Nishinu, es lo ultimo que me falta por entregarte, después de todo te he enseñado ya todos mis conocimientos. Guárdala y úsala cuando te plazca, pero ten en cuenta que solo debe ser desenfundada para matar. úsala cuando desees matar porque te aseguro que en tus hábiles manos nadie sobrevivirá ante su implacable filo-
Nishinu conocía la espada de su maestro, pero cuando abrió el cofre quedo deslumbrado pues a simple vista la hoja parecía plateada, pero contra la luz el metal reflejaba un destello rojizo. Había sido incrustada con miles de fragmentos de rubíes que hacían que su destello fuera incandescente.
Aunque Nishinu prefería usar sus manos para luchar se alegro de tener en su poder la espada de su maestro, ¡Que hermosa era! Cuantas leyendas se habían tejido a su alrededor, cuantas batallas libradas. Pero aunque muchas leyendas de misteriosos poderes se habían tejido alrededor de la espada Nishinu sabia que era tan solo un pedazo de frió metal que significaba una despedida, y aunque creía que era definitiva muy en el fondo temía volver a ver a su maestro, porque lo conocía, y sabia que no le dejaría vivir mucho tiempo ¿Qué tendría preparado para el?
-La acepto lleno de orgullo maestro, no dudare en usarla para defender mi vida-
Y con miradas amenazantes se encontraron sus miradas ojos por un instante.
Yin Sen permaneció inmóvil hasta que Nishinu desvió la mirada.
-Adios maestro-

LA HITORIA PRIMERA PARTE:

Y Nishinu se acordó claramente de todo lo que había leído en su infancia y en su adolescencia del clan Akalim y su vasta historia.
Todo comenzó hace casi dos mil años en la pequeña aldea de Orokujagwa, allí vivía el pintor de manos cálidas, el de suave lienzo, el que con su pincel transformaba sentimientos Hirotomy Fushy, conocido en la aldea y en gran parte del oriente como el pintor de sueños. Dedicaba horas a la meditación, a la oración, y a enseñar a sus tres hijos el arte de la pintura, su esposa Aranime Fushy se dedicaba a conseguir lo que Hirotomy necesitaba porque el nunca abandonaba su casa.
Largas horas dedicaba a la enseñanza de sus hijos, pero solo el menor, Taito Fushy de tan solo seis años heredo la agraciada habilidad del verdadero pintor y sus pequeñas manos nunca temblaron en un trazo, ni se detuvieron jamás ante ningún pensamiento.
Hishido era el mayor de los tres hermanos, y aunque su habilidad en la danza y la pintura eran formidables, dentro de su alma habitaba un verdadero guerrero. Después de aprender las habilidades básicas de su padre recibió lecciones de su abuelo Mizuro Fushy, el mejor guerrero de la aldea pese a su avanzada edad.
Akalim seguía a Hishido en edad, y a diferencia de sus hermanos su pasión era la poesía, pasaba innumerables horas meditando con su padre, ya que pensaba que era la mejor forma de buscar la belleza del mundo. Escribía mucho, y hablaba con su madre que se sentía muy orgullosa del joven Akalim y su pasión Por eso dedico mucho tiempo a aprender el arte de la fabricación de la tinta, que era muy utilizada por su esposo y sus hijos.
La aldea permaneció en cierta forma cerrada al mundo exterior, ya que era prácticamente autónoma y autosuficiente, solo algunos mercaderes traían noticias de afuera de vez en cuando.
Poco a poco se fue gestando el rumor de una guerra en la aldea, algunos decían que las rutas ya no eran seguras, y otros hablaban de misteriosas desapariciones, en lo que todos concordaban era en afirmar que algo malo sucedía.
Una mañana Hirotomy se levantó muy temprano, y descubro a su pequeño hijo Taito pintando en un largo lienzo de tela que tenia posado en el suelo de madera de la casa, en un principio se alegro, pero la sonrisa de su rostro se borro cuando sus ojos desconcertados avistaron lo que pintaba el pequeño. ¡Guerra! Espadas asesinas y casas en llamas, heridos de muerte clamando piedad y en el fondo del lienzo dos ojos rojos amenazantes que miraban fijamente sin importar desde que ángulo se miraba la pintura.
Hirotomy se acerco lentamente a su hijo y mientras lo hacia le pregunto el porque de su inspiración. El pequeño Kaito de tan solo ocho años encogió los hombros como solo un niño lo sabe hacer, y con su dulce mirada le pregunto a su padre si acaso esa era la guerra de la que hablaba la gente.
Nishinu pensó nostálgico en como habría sido ese encuentro, en las palabras pronunciadas, en los gestos, en todos los detalles que los viejos escritos habían olvidado…
-¿Que te inspira a pintar en la fría mañana de invierno Kaito? ¿Por qué tus creadoras manos traen tragedia al dulce lienzo que tal vez solo añoraba blancas alegrías?. Que te inspira hijo mío, si tus ojos vírgenes no conocen aun la cercanía de la muerte, y mucho menos la nefasta guerra, que te inspira Kaito dímelo sin callar detalle-
Kaito se encogió de hombros y Hirotomy percibió que no lo miraba a él, lentamente se dio vuelta y vio allí parado a Akalim quien recibió su nombre por nacer una noche de luna llena y tormenta, dos cosas que pocos han visto juntas. Si, Akalim fue llamado porque para los ancestros que aun hablaban idiomas antiguos significaba lluvia resplandeciente.
Así pues vio Hirotomy a su hijo y recordó el día en que nació, pero las palabras que pronuncio el joven, de escasos once años, aquella mañana retumbaron tanto en si cabeza que casi arrasaban con ese recuerdo y muchos otros que guardaba como tesoro.
-No lo juzgues padre, porque Kaito tan solo ha pintado con sus hábiles manos las palabras que salen de mi boca.
Dicen que quien la ve nunca la olvida, dicen que llega como una ola de fuego calentando todo a su paso y que cuando gritamos tratando de evitar las llamas, ya el frío de la muerte se ha posado sobre nuestro espíritu.
Unos dicen que es roja como la sangre que todo lo inunda, otros dicen que es negra como la noche sin luna. Dicen que inspira valor, dicen que inspira miedo, dicen que puede traer a la vez tristeza y alegría. Dicen y dicen…. Tantas cosas padre que solo la imagino como un monstruo inevitable que con su mirar lo cambia todo, lo transforma para bien o para mal. Porque muchos dicen lo que otros no dicen, pero hay algo que todos dicen, que cuando llega nada vuelve a ser como fue, y lo que fue nunca volverá, porque su llegada quedará grabada para siempre atormentando nuestra existencia, porque así es la guerra padre, o al menos eso dicen...-
Hirotomy cerro los puños y sus ojos brillaron como a punto de dejar correr una lagrima por su rostro, porque conocía lo inevitable, y sabia que todos sus intentos por mantener a sus dos hijos menores alejados de lo que significaba la guerra habían fallado.
- Llena de poesía y verdad esta tu boca Akalim, y tus palabras las siento desgarrar mis entrañas, son muy jóvenes aun para vivir lo que se avecina. Y las ganas de llorar me torturan cuando pienso en que no crecerán como yo lo había soñado, cuando pienso Kaito el pintor, en ti joven poeta; porque en la guerra no hay lugar para ustedes, no hay lugar para ninguno de ustedes-
Por primera vez Akalim sintió que su padre tenía miedo, y por respeto a su memoria no incluyó las palabras que fueron pronunciadas aquel día en la historia de su familia, que mas adelante se volverían una reliquia para el clan que llevaría su nombre.
Hirotomy envió a sus hijos al bosque cuando las hordas enemigas se aproximaban a sitiar la ciudad, lo mismo hicieron muchos otros valientes que se quedaron luchando por sus tierras mientras sus hijos se refugiaban en campamentos ya construidos en la profundidad del bosque.
El inevitable día llego, y lo que para algunos fue guerra para otros fue una verdadera masacre, porque la sangre de los inocentes baño la aldea que tanto habían protegido y Hirotomy junto con los demás pobladores pereció en una tarde sin sol en donde truenos resplandecientes cayeron cuando las empuñadas nubes se juntaron para que lloviera sangre.
Mujeres y niños desolados en el oscuro bosque observaron el negro humo que desaparecía mientras caía la noche, olor a muerte y sed de venganza reinó para siempre en los corazones de los que nunca mas sonrieron.

NISHINU Y EL NUEVO MUNDO:

Y como el que nace y desconoce todo a su alrededor Nishinu conoció el mundo que sus ojos nunca habían visto. Ni los libros, ni las historias habían podido dar tan solo una pista de lo que realmente enfrentaría. Desembarco en el mar mediterráneo y su corazón se helo al ver tantas construcciones y cosas que nunca habría imaginado sintió miedo, frío, hambre y cierta angustia que no lo dejaba desde su huida, la angustia de ser perseguido. Y aunque vasto era el mundo que tenia ante sus ojos nunca se sentiría seguro.
Salto del barco y nado hasta algunas rocas donde pudo escalar y pisar tierra firme.
Luces y más luces. Caía la noche y todo se iluminaba, autos, gente, mucho ruido.
Nishinu había leído del mundo exterior, y sabia como se movía el mundo, pero eso no basto para no quedar perplejo con cada paso que daba y cada cosa nueva que veía. El viento golpeaba sus mojadas ropas y perdido caminaba evadiendo las luces que siempre estaban presentes, donde dormir, donde comer, hacia donde ir.
Triste historia para aquel joven de mirada inexpresiva que no entendía por que debía huir, por que todos debían morir, por que debía caminar acompañado solo de una roja espada que se convertiría en su mas fiel compañera.
El olor a comida lo detuvo.
Observo un pequeño restaurante de manteles verdes y paredes blancas cuatro parejas ocupaban el acogedor sitio y comían al aire libre en la parte de afuera.
Nishinu lo observaba todo camuflado detrás de un poste de luz.
No podía distinguir que comían desde esa distancia, pro sabia que uno de esos ocho platos seria suyo. Eligió un muchacho alto y pesado, su plato debería ser el mas grande, enfoco todo el sitio y corrió.
Y como un felino que persigue a su presa así corrió Nishinu, que salto las dos primeras mesas para caer suavemente sobre el suelo, y como dos resortes sus piernas lo elevaron de nuevo en dirección a su objetivo, Aun trataban de girar la cabeza las parejas que había saltado en un principio tratando de observar la sombra que los había cobijado cuando Nishinu tenía ya el plato en su mano y corría con sus pies apenas acariciando el suelo.
Ese fue su primer bocado en el nuevo mundo, los Akalim tomaban lo que necesitaban cuando lo necesitaban sin importar las consecuencias y eso era precisamente lo que Nishinu estaba haciendo.
Así sobrevivió la primera semana, robaba comida y dormía en los techos, era un animal salvaje en medio de la civilización, era como un niño que solo sabe hacer lo que se le ha enseñado, y poco a poco fue enfrentando un dilema.
Sus ropajes negros y sucios y el manto que cubría su cabeza lo ayudaban a camuflarse, pero no lo dejaban pasar desapercibido en medio de la multitud, tenia que esconderse las 24 horas, vivir entre las sombras, y eso era demasiada tensión para cualquier ser humano, se estaba volviendo aun mas paranoico, y la mirada inexpresiva poco a poco se convertía en desesperación.
El equilibrio mental de un Akalim lo es todo, y Nishinu lo sabia como sabia que lo estaba perdiendo. Necesitaba pasar desapercibido aprovechar la ciudad para perderse entre la gente.
Entro sigilosamente a un almacén de ropa y tomo la que le pareció más común. Lo sorprendió el ruido de la alarma del almacén mientras sacaba la ropa, pero una vez mas se valió de sus piernas para escapar en la impunidad. Corrió hasta una pequeña calle y allí mismo se transformo en lo que nunca podría ser, uno mas.
Jeans azules y una camiseta blanca con algunos estampados de personas jugando fútbol, tenis grises que le quedaban algo grandes y la mirada inexpresiva que regresaba de nuevo mientras Nishinu aprendía una valiosa lección que nunca olvidaría.
-El mejor camuflaje es el anonimato-
Decía mientras salía del callejón para confundirse entre la gente.
Los primeros meses para Nishinu estuvieron llenos de sorpresas y valiosas lecciones sobre la vida cotidiana, y aunque desconocía el idioma a veces se divertía tratando de hacerse entender mientras intentaba averiguar más y más.
Pero Nishinu no fue el único y así como el sobrevivía en la selva de concreto así aprendían día a día todos los Akalim que vagaban por el mundo totalmente nuevo para ellos. Robaban y asesinaban para conseguir lo que necesitaran, lo harían sin remordimientos y sin culpa, porque para un Akalim todo lo que este a su alcance es suyo.

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Sobre mí

Pasivo, compulsivo, extremista. Pereirano de Nacimiento, Rolo los primeros 5 años de mi vida, y caleño de crianza. Telematico de Profesión, Humanista de vocación. Escritor de pasión. Cantante de desparche.

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