Miró la puerta y leyó, “ACR- Agentes Clave Roja”, estaba emocionado y nervioso.
- Caballeros, les presento a Riku Basten – todos lo miraron perplejos, el que hablaba era Matías Orok, jefe de la ACR. – Lo encontré al fin, aunque debería decir que el se dejó encontrar-
Riku tenía 20 años tenía el don de ver el futuro, sabía que el destino no existía y que podía moldearlo a su antojo. Generalmente veía el futuro a una distancia de días y hasta semanas, pero raras veces se le revelaba lo que sucedería en varios meses o años de distancia. En solo tres ocasiones le había sucedido, empezaba a ver sucesos de su vida futura, se dejaba llevar y seguía avanzando en el tiempo, era una experiencia totalmente diferente a sus visiones normales, pero siempre tenían el mismo fin se veía tirado en el suelo mientras la vida abandonaba su cuerpo. No era una buena experiencia, y aunque en esos momentos trató de tomar un sin fin de decisiones para cambiar ese futuro, seguía viendo su muerte mientras aterrado luchaba por detenerla.
Supo que lo buscarían, había cometido ya muchos errores. Cuando descubrió su don a la edad de 13 años alardeó demasiado y algunos periódicos y revistas locales hicieron publicidad sobre “El niño que podía ver el futuro” y lo llevaron a un programa de televisión, antes de ir Riku pudo ver en el futuro como era secuestrado por agentes del gobierno, le realizarían pruebas y lo tendrían cautivo. No le gustó lo que vio y prefirió no hablar ni demostrar nada en el programa, quedó como un charlatán, pero una nueva mirada al futuro solo le revelo las risas de sus compañeros del colegio.
- Como todo saben, - Matías prosiguió – Riku es el nuevo ARC, y aunque aún nadie conoce su verdadero potencial ni sus dones, creemos que ve el futuro con mucha claridad y facilidad. Dejemos mejor que el hable. – todos escuchaban con atención, habían otras seis personas aparte de Riku y Matías.
Ni siquiera el propio Riku sabía con exactitud su verdadero potencial, su mente era como un escáner del futuro, lo miraba con gran velocidad y podía ver los cambios que este tenía de acuerdo con las acciones que realizaba. Tomaba una decisión y el futuro cambiaba, tomaba otra y veía lo que podía suceder, podía tener siempre la respuesta a el “que pasaría si...”, solo tenía que tomar la decisión de hacer algo para ver en el futuro las consecuencias.
Sus limitaciones radicaban el la capacidad de procesamiento de su mente, porque aunque podía ver el futuro y sus cambios a la misma velocidad con la que tomaba una decisión u otra, su cerebro no era capaz de procesar toda la información que recibía del futuro. Todos creían que era un simple vidente que podía ver el futuro, pero nadie sabía que su verdadero poder era la velocidad con la que lo hacía.
Otro de sus grandes limitantes era su voluntad, en una ocasión se preguntó ke pasaría si sus padres murieran, trató de tomar la decisión de asesinarlos para mirar en el futuro que pasaba, pero solo veía como se arrepentía y no era capaz de cometer el crimen. Trataba de decirse a sí mismo, “No los voy a asesinar, es solo para ver el futuro”, pero por más que lo intentaba no podía hacerlo, en el futuro se arrepentía. Luego intento con la vecina, con el cartero, y no lo consiguió, el problema era que no era un hombre malo, no podía tomar la decisión de matar a alguien aunque solo fuera para ver el futuro, no tenía en valor de hacerlo.
- En efecto puedo ver el futuro, y estoy aquí por que lamentablemente me han descubierto, y aunque podría huir y esconderme de ustedes se que harían mi vida imposible. – habló tranquilamente y eso fue lo único que dijo.
Después de que casi revelará sus poderes en televisión el gobierno asigno a la “agencias para búsqueda de actividades paranormales - ABAP” para que investigaran y evaluaran el caso de el niño Riku, lo hacían con todas las personas que eran sospechosas de tener una habilidad o don especial. Se limitaron a observar en un principio, pero poco a poco fueron descubriendo lo increíble que podía ser el niño. Le gustaba el fútbol y jugaba en la posición de portero, en los cinco años que estuvo en el colegio tan solo recibió 5 goles, era increíble como se dirigía a la bola, como si supiera que trayecto tomaría. En los 7 años que fue vigilado, nunca tubo un accidente, y aunque algunas veces los agentes trataron de ocasionárselo siempre lo evadía de alguna manera.
Los agentes se empezaron a interesar cuando Riku de 17 salió de su colegio en la mañana fingiendo una gripa y en la tarde un temblor azotó el establecimiento, y aunque no ocurrió ninguna tragedia muchos de los niños terminaron col heridas leves. ¿Coincidencia?, se preguntaron los agentes. A la mañana siguiente uno de los agentes se disfrazó de indigente y se escondió en la ruta que Riku tomaba para ir al colegio, el experimento era sencillo y consistía en que el agente robaría a Riku su bicicleta. Como algunos esperaban Riku misteriosamente tomo otra ruta ese día. Muchos más percances para Riku fueron programados y todos fueron misteriosamente evadidos por el joven, los informes de lo sucedido llegaban al señor Orok que finalmente decidió reclutar a Riku.
Riku supo que lo reclutarían y evadió a los agentes durante semanas, cuando se dio cuenta que no descansarían hasta encontrarlo y que su vida tal como la llevaba no sería la misma decidió dejarse reclutar, era mejor eso a ser perseguido y tener que deambular por ahí sin un centavo. Además no planeaba vivir mucho tiempo, así que un poco de emoción no caería mal.
Los ACR eran el grupo de agentes especiales más importante del gobierno, todos sus seis integrantes eran excepcionales, poseían los coeficientes más altos y habilidades inigualables, habían sido seleccionados de entre miles de aspirantes, y aunque no tenían ninguna habilidad sobrenatural como Riku, eran pocas las misiones que habían fallado.
Riku recibió entrenamiento básico, su progreso sorprendió a toda la agencia, aprendió a manejar armas y a desarrollar estrategias de combate, seguridad, infiltración, técnicas de asalto, etc. En ocho meses logro lo que a la mayoría le tomaba más de tres años. Matías lo observaba de cerca.
- Su progreso es impresionante señor Matías, nunca vimos a nadie como él. Su condición física y mental están muy por debajo del promedio de un ACR estándar, y aún así aprendió cuatro veces más rápido que todos – comentó uno de los instructores a Matías Orok mientras veían entrenar a Riku.
- Es la ventaja de no cometer errores, todo el proceso de ensayo y error de Riku está en su mente, por eso cuando se decide a hacer algo es indudablemente la mejor opción, puede aprender de los errores que aún no ha cometido, es muy extraño, aún no comprendo como funciona su habilidad, lo único que se es que su capacidad está más allá de nuestra imaginación. – contesto Matías con la mano en la barbilla y los ojos puestos fijamente en Riku.
Aunque muchos no estuvieron de acuerdo con la idea en un principio Matías decidió que Riku sería el jefe de operaciones de los ACR, tendría el poder de mando y decisión dentro de las misiones. Los agentes más antiguos protestaron, pero después de las primeras misiones nadie volvió a dudar de Riku, su precisión era algo aterrador, sabía en donde estaban los enemigos, por donde atacarían, si ya los habían descubierto, si les habían tendido alguna trampa. Todo lo simulaba en su cerebro para poder tomar la mejor opción, durante cinco años ninguna operación fue fallida y ninguna baja se dio dentro de los ACR, cada ves se volvían más indispensables para el gobierno y Riku el arma más preciada.
Evadió varios intentos de homicidio con todo éxito, se vio envenenado, estrangulado, baleado, pero siempre un paso adelante resultaba ileso. Revisaba el futuro constantemente, poco a poco se volvió como respirar, todo el tiempo pensando y decidiendo, no podía estar despierto más de diez horas, su salud mental podría correr peligro. Tenía a un sequito de psiquiatras a su alrededor que velaban por tener su precioso cerebro intacto, también intentaban obtener información del potencial de Riku, a el no le agradaban esas secciones y los convenció de terminarlas alegando que había visto en el futuro que eran totalmente infructuosas, obviamente era una mentira, ni siquiera se molesto en mirar.
servido por karurasu
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I
Ser detective no era tan emocionante como lo pintaban en el cine, la mayor parte del tiempo me la pasaba siguiendo pistas sin sentido y la pila de casos sin resolver se arrumaba tras mi escritorio. El asesino, el asaltante, el estafador, el ladrón, todos impunes en la sombra oscura de mi oficina y patrocinados por mi incompetencia, la verdad no me importaba, y creo que a ellos tampoco.
El caso de Wilken Idenev llegó a mis manos como cualquier otro, rebotando por todos los despachos hasta llegar a mi escritorio, todos sabían que nunca rechazaba un caso, también sabían que pocas veces resolvía uno, pero eran pocas las opciones y yo conservaba intacto mi lugar en el departamento de policía.
El caso Idenev como se le conocía despertó cierto interés en mi de inmediato...
- Paul - dijo en capitán Severs - quiero que aumentes el caso Idenev a prioridad uno, y ¡quiero verte trabajando de una buena maldita ves! –
Prioridad uno era la máxima prioridad que se le podía dar a un caso, eso significaba que debía invertir todo mi tiempo en el, lo cual suponía que el caso se resolvería en el menor tiempo posible. Severs era un cascarrabias, pero no me convenía llevarle la contraria, además me daba igual trabajar en un caso que en otro, no tenía ningún tipo de prisa.
Tome el fólder que yacía sobre mi escritorio con la mano derecha, mientras que con la izquierda me ponía los anteojos, “Caso Idenev”, decía en la portada. – un delincuente más, un delincuente menos- pensé, -¿qué podría tener este de especial? -.
Wilken Idenev, era el hijo de un importante diplomático ruso, había perdido la razón a los 23 años, fue recluido en el hospital psiquiátrico mayor de la Universidad de Londres cuando atacó a un transeúnte en la calle que murió días después. Paranoia, esquizofrenia, múltiple personalidad, etc. Todos fueron apareciendo año tras año desde su reclusión inicial hasta su notable mejoría después de cumplir 32 años, gran parte de los síntomas empezaron a desaparecer y aunque tubo algunas recaídas fue trasladado a una sala de mínima seguridad de donde había escapado hacía no más de una semana.
- La oveja negra se escapa y su político y público padre teme pasar una gran vergüenza, ¡prioridad uno!, ja. Como si no tuviera casos más importantes, o tipos más peligrosos que atrapar – pensé con cierto grado de sarcasmo.
Encontrar a un demente prófugo no podía ser tan difícil, aunque sabía que no se me permitiría hacer publicidad o propaganda con su rostro, tenía que ser un trabajo limpio, digno de un gran detective, ¿dónde podría encontrar uno a estas horas?
II
Lo más lógico sería ir al último lugar donde se le había visto, el hospital.
Llegue a eso de las diez de la mañana, hacía frío y el sol no quería asomar, estacione mi auto y mientras caminaba hacia la entrada de la clínica pude ver en los jardines varios pacientes caminando con su mirada clavada en el piso, sumidos en su mundo y en su locura con unos cuantos miligramos de no se que en sus venas. Me pareció tétrico y triste, frió y gris, no me sorprendió en ese momento que Wilken hubiera escapado, ¿quién querría respirar ese pesado aire?.
Me entrevisté con el director del hospital, era de esos tipos cuya arrogancia viene con el cargo, me hizo esperar media hora en un pasillo mientras probablemente se limaba las uñas en su escritorio. Definitivamente ser detective no era como lo pintaban en el cine.
- dígame doctor, ¿cuándo fue la última ves que vio al paciente Idenev? – pregunte mientras miraba mi agenda de apuntes.
La entrevista fue larga, me enteré que Wilken era un paciente muy particular, se pasaba las horas del día leyendo en su habitación o en los jardines, conversaba con las enfermeras y los doctores, a simple vista era tan cuerdo como cualquier otra persona. El director de la clínica lo describió como un talentoso socio pata, había intentado engañar al cuerpo medico varias veces con su comportamiento buscando la libertad, pero lo único que había conseguido era ser trasladado al ala de mínima seguridad. Nunca fue considerado peligroso a pesar del asesinato, era tímido y durante sus primeros años de reclusión se contagió de toda la locura y la miseria que rondaban el hospital, se consumía poco a poco.
- En el reporte se menciona la notable mejoría del paciente Wilken después de cumplir sus 32 años, ¿a que le atribuye usted este cambio señor director? – pregunté.
- Es la pregunta del millón detective, nosotros creemos que en algún punto de sus profundas meditaciones y su sufrimiento tuvo la cordura suficiente para idear un plan que lo sacara de aquí, para actuar y engañar a todo el cuerpo medico. Ya lo había intentado antes, pero la cordura le había fallado, esta ves nos convenció a todos y fue trasladado a mínima seguridad. – respondió el director, con cierto grado de resignación.
Después me entreviste con el medico personal del fugitivo, el Dr. Lordaeron que había lidiado con Wilken desde su reclusión hasta el día de su fuga, era un medico muy prestigioso tenía 65 años y llevaba ya trabajando en el hospital más de 30, fue asignado a Wilken por orden expresa de su padre, quien movió algunas influencias para que su hijo tuviera la mejor atención que pudiera recibir. El Dr. Lordaeron era un hombre cálido y un gran conversador, me hablo durante horas de sus experiencias con Wilken como paciente y me revelo datos de su personalidad y sus traumas, el sabía muy bien que la ley estaba por encima del secreto profesional así que no tuve necesidad de recordárselo.
III
- Wilken llegó aquí muy joven – comenzó el Dr. Lordaeron su relato – el día que llegó estaba lleno de histeria, venía de un juicio muy extenso en donde se le había declarado loco, no es fácil para nadie que se le aparte de la sociedad y se le tilde de anormal, más a un muchacho educado que siempre lo tuvo todo. ¿Por qué lo hizo? Se preguntará usted señor detective, ¿locura?, si, pero no la que usted piensa. Los médicos y abogados que contrató el padre de Wilken alegaron locura temporal, convencieron al jurado de que Wilken caminaba por la calle, sufrió un ataque de locura y asesino al primer transeúnte que se cruzó en su camino. Sabe detective, las cosas no suceden así en la vida real, ¿quiere que le diga un secreto?, no es tan fácil volverse loco– su tono de vos me intrigaba, parecía que guardaba muchísima información, yo seguía ansioso escuchando y a veces tomaba puntes, llevaba mi rol de súper detective a la perfección.
- Entonces ¿qué fue lo que pasó Dr.? – pregunte mientras me acercaba mi oído, como si el Dr. Lordaeron fuera a revelar el misterio de la desaparición de Wilken con solo un susurro.
- Dentro de los estudios que he realizado en Wilken durante los nueve años que estuvo recluido en la clínica, he podido establecer que los problemas de paranoia de Wilken están arraigados desde su infancia, muy probablemente con el trauma generado después del asesinato de su madre cuando el tenía apenas 11 años, auque se le trató de atribuir trasfondos políticos, al asesinato la policía llego a la conclusión de que había sido un intento de robo con un desenlace fatal. ¿Sabe cual es el coeficiente intelectual de Wilken? – disparó, interrumpiendo su relato. Me quede callado, obviamente el Dr. Lordaeron sabía que yo lo desconocía.
- Haría que usted o yo nos viéramos como ratones de laboratorio - dijo mientras sonreía. El comentario no me ofendió, primera ves que lo visitaba y ya deducía que yo era un tipo promedio con una inteligencia promedio, ¿alguna ves había visto alguno de mis test de coeficiente intelectual?, ¿tenia un censor, que al mirarme podía medir mi inteligencia?, ¿Podía saber el con su psiquiatría a que velocidad se movían mis neuronas?... bueno, tal ves el comentario si me molesto un poco, siempre me había considerado un detective muy inteligente, lo suficiente para no perder el tiempo en casos tediosos. Todo eso paso por mi cabeza en un instante, pero rápidamente lo dejé atrás, obviamente el Dr. trataba de decirme que Wilken era una persona extraordinaria.
- Ósea que era una persona extremadamente inteligente – respondí tratando de darme un poco de importancia, - en efecto respondió – y prosiguió con su relato.
- Como le venía diciendo detective, esta paranoia despertó en el pequeño Wilken la idea de que se encontraba desprotegido y de que alguien podría lastimarlo. Algunas de las pocas charlas que tuve con el señor Idenev padre confirmaron esta sospecha, me relató como a Wilken le gustaba estar enterado de todo, quienes trabajaban en la casa, en donde se encontraban en todo momento, quienes eran los enemigos políticos de su padre, quienes eran sus más allegados, de que familia provenían sus compañeros de colegio, y un sin fin de cosas más que empezaron a preocupar a su padre. Tuvo varías visitas al Psicólogo y eventualmente mejoró. Allí entra otra de mis teorías a funcionar, para mí Wilken se entero de que su comportamiento no era normal, y que su psicólogo y el resto de sus allegados lo verían como un niño con problemas, un niño diferente, un niño vulnerable. Por eso su comportamiento cambió y aunque continuo con las mismas intrigas y preocupaciones comenzó a realizar todas sus investigaciones en secreto guardando todas las precauciones para siempre parecer siempre un niño normal. No creo que haya cuestionado nunca el estado de su salud mental, en medio de todo su ingenio y su locura creía que alguien quería lastimarlo y que el era el único que lo sabía, que podría correr con el mismo destino de su madre si no se cuidaba. Así he podido deducir que fue la infancia y preadolescencia de Wilken, llena de misterios y de peligros inexistentes que bombardeaban su día a día, pensando como esconder, como averiguar, como proteger, sin duda creció en medio de un estrés que nadie envidiaría.- completo la frase y en sus ojos pude ver un viso de melancolía, de lastima, a simple vista se podía ver que el Dr. Lordaeron le tenía mucho cariño.
- Cuénteme como fue la juventud de Wilken, supe que estudió derecho- dije incitándolo a proseguir, ya me empezaba intrigar la historia.
IV
- Su padre lo obligo a entrar a la escuela de derecho- continuó el Dr. -era eso o ciencias políticas. Nunca pude saber nada por boca del propio Wilken, no le gustaba hablar de si mismo, sabía que cada cosa que me dijera me serviría para analizarlo, me imagino que consideraba que eso lo pondría más en peligro. Deduzco que su estancia en la universidad no fue mejor que su infancia, cuando se sufre un grado de paranoia como el que sufre Wilken adquirir nuevos conocimientos se vuelve una tarea tortuosa por que cada ves se descubre que se sabe menos, y para el lo desconocido era siempre peligroso. En varias oportunidades revise sus calificaciones, eran impecables, Wilken siempre se preocupo por saber cada ves más, una de sus utopías era saberlo todo, nueve años de estudios me sugieren eso. Era un joven prometedor con un futuro magnifico por delante, de no haber sido por sus problemas mentales ahora sería uno de esos abogados que viaja en jet y maneja grandes bufetes. – mientras lo decía miraba hacia arriba, como recordando como lo había visto sufrir, lamentándose por una vida desperdiciada.
- ¿Sabe usted que lo pudo llevar al asesinato de aquel hombre?- pregunte aprovechando que el Dr. Lordaeron se mostraba más como un amigo de Wilken que como su psiquiatra.
- Se lo voy a contar, pero será algo extraoficial – dijo mientras la intriga me arrollaba – Wilken empeoró progresivamente durante sus últimos años de universidad, era un joven absolutamente misterioso, cada ves se relacionaba menos, siempre parecía que tuviera algo que esconder. En una de mis entrevistas con el señor Idenev padre, este me comento lo mucho que se había preocupado por su hijo en esa época, a tal punto que contrato un detective privado para que lo siguiera y diera cuenta de sus pasos. Al señor Idenev le preocupaba que Wilken estuviera involucrado en algún tipo de negocio sucio o que estuviera metido en un problema mayor. Lo que no sabían ni el señor Idenev ni el detective que había contratado era que Wilken era un paranoico crónico, que analizaba toda la gente que se movía a su alrededor con un alto grado de detalle, así que no tardó en descubrir que alguien lo seguía. No puedo ni imaginar el grado de conmoción que sufrió Wilken cuando se sintió asediado, solo imagine al joven observando como era seguido a todo lado, de día y de noche, ¿comprende por que perdió la razón? – se detuvo, mientras yo hacía mis deducciones.
- ¿Quiere decir que la victima de Wilken fue el detective? – pregunte, - en efecto señor oficial – respondió.
- No se que movimiento en falso pudo haber hecho, pero aterrorizo al joven Wilken que ya andaba preparado y le dio muerte con un cuchillo a plena luz del día – concluyo el Dr.
- Si resumimos, Wilken es un loco paranoico de remate, que mato al detective que lo estaba siguiendo, sin causa aparente, aparte de buscarlo. Ahora bien, Wilken escapó, sigue igual de loco que antes y me aventuro a adivinar quien es el detective que lo sigue ahora.- pensé para mi.
Aunque no tenía miedo, me parecía peligrosa la posición en la que me encontraba, tendría que ser muy cauteloso al buscar a mi fugitivo, si el se enteraba que andaba tras su huella mi salud tal ves correría peligro, eso ya era algo, si tenemos en cuenta que mi encuentro más cercano con la muerte había sido la operación de cordales que me habían realizado en mi juventud.
El trabajo en el hospital ya estaba hecho, ¿adonde iba ir ahora?.
V
Al día siguiente intente contactar al padre de Wilken pero me enteré que realizaba labores diplomáticas en las filipinas y no volvería hasta el próximo mes, eso me dejaba con pocas opciones. No tenía ni la más remota idea de donde empezar a buscar, el hospital quedaba a las afueras de la ciudad y estaba rodeado de un pequeño bosque, lo más probable es que Wilken se hubiera internado hay para perderse de sus captores, pero había pasado ya una semana y con lo que ya sabía de el suponía que no se quedaría quieto mucho tiempo, de hecho, si era tan inteligente como el Dr. Lordaeron había mencionado podría estar en cualquier ciudad en este momento, incluso fuera de Inglaterra.
- ¡Paul! – escuche mientras bajaba de mis pensamientos, - que has averiguado del caso Idenev- era el capitán Severs.
- La información del hospital no fue de mucha ayuda, podría estar en cualquier parte. Nunca vamos a poder encontrarlo sin la ayuda de la ciudad, pero me imagino que al señor Idenev padre no le gustará que la foto de su único hijo salga publicada en todos los periódicos de Londres diciendo “Loco escapa de Sanatorio”- dije con una mirada de resignación.
- Por supuesto que no – refunfuño el capitán.
- Hagamos un llamado al publico en general, por radio y por prensa, no tenemos que revelar su rostro, solo su descripción, además es un tipo en bata caminando por hay, sin documentación, alguien tubo que ver algo, lleva una semana afuera, no tiene ni un centavo, su padre no esta, alguien nos tendrá que llamar capitán – hable mientras el capitán meditaba mis palabras.
- Hágalo – respondió al fin, - pero sea muy discreto- concluyó.
Bueno, al menos ya tenía algo que hacer, no era divertido tener un caso prioridad uno sin pistas ni testigos. Hable con mis contactos en la radio y periódicos locales, en todos los casos omití sagazmente la identidad de Wilken, solo podía hacer eso y esperar. Alguna ves había leído que la paciencia era la mayor cualidad de un buen detective, y yo si que tenía paciencia, me recosté tranquilamente en mi escritorio mientras cerraba mis ojos. Cayó la tarde y a eso de las cinco sonó el teléfono.
- Escuche en la radio sobre el loco que escapo del hospital psiquiátrico, creo que lo vi hace unos días - su vos era dulce, indudablemente una mujer joven.
- ¿Podría entrevistarme con usted?, ¿en que sitio lo vio exactamente?-
Ana Liliqueen vivía en una casa a las afueras de Londres, a unos seis kilómetros, por la dirección que me dio era una zona muy lujosa, quedamos de encontrarnos a las siete de la noche allá. La verdad no tenía muchas esperanzas de la información que me pudiera dar, había lidiado con este tipo de llamadas toda mi vida, el noventa por ciento de las veces la información no servía para nada.
Llegue muy puntual, ya empezaba a caer la noche y la brisa acentuaba el frió que me había seguido desde que salí de la estación, pensé en que tipo de noches había pasado Wilken, sentía algo de lastima por el. Me sorprendió aquella casa, o mansión, que era un nombre más apropiado, era un edificio ancho de tres pisos, a simple vista se podían ver más de quince habitaciones, si Wilken había venido aquí indudablemente tenía buen gusto, timbré.
- Buenas noches señor detective lo estaba esperando – dijo con una ligera sonrisa.
VI
El clima se más hizo frío y la noche más oscura al igual que su vestido, los ojos de esa mujer expresaban pena a pesar de su sonrisa, su rostro reflejaba la juventud que la empezaba a abandonar, y algunas ojeras revelaban noches en vela y lágrimas tal ves.
- Buenas noches, Señora Liliqueen – contesté.
- Señorita – dijo de una manera un poco tajante, logró hacer que me sonrojara por algunos segundos. – No se preocupe, me pasa todo el tiempo – concluyó de una manera más cálida.
Largos pisos de madera y escaleras en espiral adornaban la mansión Liliqueen, fui conducido hasta una sala en donde nos acomodamos, yo insistí en comenzar la entrevista, pero la Señorita Liliqueen no lo permitió hasta que el té no estuviera servido. – Caprichos de la gente rica – pensé. Sirvieron el té, y yo me apresuré a preguntar.
- Cuando hablamos por teléfono usted mencionó que posiblemente había visto a el paciente que se escapo del hospital, ¿sería tan amable de decirme como sucedió y por que cree usted que se trataba del paciente? – todos los lujos me habían puesto ya un poco formal.
- Al principio no caí en cuenta que fuera un paciente, llevaba tan solo los pantalones, sin camisa ni calzado. Pero cuando escuche en la radio la descripción y la ropa que llevaba puesta supuse que era él. – hablaba pausadamente, y miraba hacia arriba como tratando de recordar lo que había sucedido. Yo por mi parte moría ya de impaciencia.
- En donde lo vio - dije pensando en vos alta.
- Si me permite detective – dijo mirándome fijamente – lo vi cuando se presentó en esta casa hace dos noches, estaba muy oscuro y argumento que había sido robado en la carretera y que había corrido varios kilómetros buscando una línea telefónica. Estaba sucio y parecía haber corrido por el bosque. Sin embargo se veía una persona decente, y hablaba con muy buenos modales, el mayordomo me notifico de su presencia en la puerta y yo decidí bajar y atenderlo personalmente, no muy a menudo llegan visitas a esta casa ¿sabe?. Le regale un traje de mi padre, que en paz descanse, el ya no los necesitará más – sus ojos se encharcaron y trago saliva evitando llorar.
- Cuanto lo siento – fue lo único que atine a decir. En ese instante recordé el periódico de hacía ya dos semanas. Gerard Liliqueen, prominente banquero fallecido en su recinto a las afueras de Londres. ¡Como había dejado pasar eso por alto!.
- Gracias – respondió mientras sacaba un pañuelo de su bolsillo. Debí haberle dado el mío, definitivamente mi falta de protocolo y mi lentitud mental no eran una buena combinación para esa noche.
- Prosiga cuando guste – dije con el tono más suave que pude.
- Como le venía diciendo – ,prosiguió, - después de bañarse y vestirse utilizó el teléfono, me dijo que la policía ya estaba al tanto de la situación. Charlamos por varias horas, se presentó como Jhonas Tomason editor de una revista científica londinense que se publicaba en toda Europa, me contó que venía de Paris a evaluar algunos artículos pero que se disponía ir al aeropuerto, ya de regreso, cuando había sido victima del robo. Yo con la mejor de las intenciones le ofrecí la casa para pasar la noche, tenemos habitaciones de sobra y la casa se siente muy vacía desde que mi padre nos dejo, él se mostró renuente a aceptar, pero después de un rato más de charla finalmente decidió quedarse. Hoy en la mañana me dijo que no podía viajar hoy por que en la estación le habían dicho que debía quedarse a declarar todo el día, así que le ofrecí la casa para pasar una noche más – mi corazón empezaba a aumentar de revoluciones mientras escuchaba el relato.
- ¿quiere decir que todo eso sucedió hoy? – dije asombrado.
- Si – respondió la señorita Liliqueen - Jhonas o como quiera que se llame, acepto quedarse otra noche, más tarde escuche la noticia y lo llame.
- ¡Quiere decir que se encuentra aquí! – dije ya sobresaltado.
- Si, debe estar descansando en su habitación – la tranquilidad con la que hablaba me enfermaba, me llevaba al borde de la desesperación, todo este tiempo Wilken Idenev había estado a tan solo metros y yo lo ignoraba, no sabía que hacer, yo nunca andaba armado, ¿cómo lo iba a atrapar ? , ¿tenía algún sentido algo de lo que estaba pasando?.
- No se sobresalte señor detective, tal ves tan solo sea una coincidencia, subamos y comprobemos, el gran misterio – dijo y me dejo ver su sonrisa de nuevo.
Yo ya estaba al borde del un ataque de nervios, ¿que iba a hacer?, ¿subir con un cuchillo de cocina?, ¿una sartén?. En la radio nunca se mencionó que el paciente fuera peligroso, menos que fuera un asesino, a Ana Liliqueen le podía parecer el hombre más culto y educado, pero estaba muerto de miedo. ¡Ya se, pediría refuerzos!.
En ese preciso instante pude ver la figura de Wilken Idenev bajando las escaleras mientras nuestras miradas se cruzaban, ¡era él!
servido por karurasu
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Todo comenzó como un juego, verdadero falso, verdad mentira, si o no, así se la pasaba el pequeño Arturo Kiem. Evaluaba cada palabra que le decían y daba su veredicto, era como una especie de juego mental que tenía consigo mismo, nunca lo comento con nadie, y para que, podría resultar algo embarazoso.
La adolescencia ya fue otra historia, poco a poco Arturo se empezaba a dar cuenta de que existían demasiadas coincidencias con las cosas que imaginaba, empezó a experimentar, y poco a poco se fue convenciendo. Arturo creía que podía saber cuando alguien mentía, desde niño jugaba a eso, pero ahora dejaba de ser un juego para convertirse casi en una obsesión por demostrarlo, y no era tan fácil como el creía. Es difícil para alguien comprobar que ha sido engañado o se le ha mentido, Arturo no era la excepción, tenía pocas oportunidades para corroborar si existía la fantástica habilidad, tenía que darle un veredicto a todo lo que la gente le decía, así cuanto encontrara que alguien le había mentido podría recordar si su veredicto había sido correcto en un principio. Era un trabajo tedioso y daba pocos frutos, tubo pocas oportunidades de corroborar sus juicios, y aunque algunas veces acertaba la mayoría no recordaba lo que había pensado en un principio.
Sin embargo, cada acierto lo obsesionaba más con la idea de que en realidad era especial, y aunque tenía miedo de obsesionarse demasiado la excitación por comprobarlo era más fuerte.
A Arturo le daba terror contárselo a cualquiera, tenía miedo de ser rechazado, de que no le creyeran, fantaseaba con decírselo a todos cuando ya lo supiera y estuviera seguro.
Poco a poco esta obsesión comenzó a afectar a Arturo, tenía 16 años y era introvertido y tímido, su personalidad reflejaba la inseguridad que sentía hacia sus adentro por saber la verdad sobre él, por saber si tenía o no el don, estaba mal y lo sabía, tenia que comprobarlo o se iba a volver loco, ¿pero como?, ¿cómo si no le quería decir a nadie?.
La situación toco fondo cuando sus amigos del colegio comenzaron a salir con otras niñas y comenzaron las fiestas y todas las cosas que se empiezan a vivir en la adolescencia, a Arturo lo miraban como alguien raro sus compañeros del colegio, y cuando las niñas comenzaron a hacer lo mismo, él no aguanto más. Tenía un hermano menor, de 13 años, y decidió que el era el único en quien podía confiar, le propuso hacer un juego a modo de apuesta. Maxé, su hermano, ponía una moneda en una mano sin que nadie lo viera y después decía “la moneda esta en mi mano derecha”, Arturo le dijo a su hermano que lo haría 10 veces y que si el adivinaba en que mano estaba la moneda al menos nueve veces Maxé debería darle el dinero de su almuerzo de toda la semana, sino sería el quien tendría que pagar con su dinero del almuerzo, Maxé acepto, era un juego muy fácil de ganar. Arturo estaba muerto de miedo, nunca antes había enfrentado un experimento tan revelador, lo había pensado, pero aunque deseaba en el fondo saber si tenía el don, le horrorizaba la idea de comprobar que no lo tenía y ser solo un muchacho tímido e introvertido, ya no había vuelta atrás. Maxé puso sus dos manos en la espalda y después las extendió hacia el frente con los puños cerrados
- La moneda esta en la mano derecha – generalmente Arturo creía tener una sensación extraña cuando alguien mentía, pero ahora estaba demasiado nervioso y excitado para saber si la había sentido o no al escuchar las palabras de su hermano.
- Falso – respondió Arturo.
Su hermano abrió la mano derecha y allí estaba la moneda, Arturo se quedó callado y bajo la cabeza, había fallado, todo lo que había pensado se venía abajo en tan solo un instante, sus ojos se empezaron a encharcar, pero la vos de su hermano lo contuvo.
- Ya no puedes fallar ninguna más, jajaja – trato de calmarse, aún tenia oportunidad de comprobarlo, solo debía estar concentrado para identificar esa extraña sensación que creía tener.
Ser repitió el proceso, - la moneda esta en la mano derecha – no sintió nada, esto podía significar que decía la verdad o que en realidad todo era producto de su imaginación, - Verdadero – dijo con una vos casi inaudible, su hermano abrió la mano derecha y la moneda se encontraba allí.
– otra ves – dijo Arturo ansioso, podría haber sido una simple coincidencia, su mirada estaba llena de determinación y ansiedad, Maxé se empezaba a poner nervioso al ver que su hermano se lo tomaba tan enserió.
- La moneda está en la mano derecha -
- Falso – y acertó.
- otra ves – dijo Arturo respirando cada ves más fuerte
- La moneda está en la mano derecha -
- ¡falso! – acertó de nuevo, y una sonrisa se empezó a dibujar en su rostro.
- ¡Verdadero! – correcto una ves más. Jugaron 33 veces más hasta que Maxé acuso a su hermano de tramposo y se fue a su habitación muy disgustado. Para Arturo ese día fue su segundo nacimiento.
Con el juego de las monedas y otra cantidad de juegos derivados, Arturo ganó almuerzos, cervezas y muchas otras cosas, su personalidad tímida se convirtió en una personalidad arrolladora y llena de confianza, podía descubrir los secretos de la gente con relativa facilidad, podía manipular, experimentaba todos los días y poco a poco fue optimizando sus técnicas, para ser más discreto y no levantar sospechas, sabía que podía llegar muy lejos. Sus fantasías de contárselo a todos y alardear se quedaron solo en eso, en fantasías, ya que la sensatez lo obligó a seguir guardando el secreto y obtener un mayor provecho.
- Mi abuela enfermo y no puedo salir contigo Arturo -
- Falso -
- Te pensaba pagar hoy pero, no me han dado mi mesada -
- Falso -
- olvide mi billetera -
- Falso -
Así vivía Arturo, al tanto de todo lo que sucedía a su alrededor, le gustaba fingir ser engañado, disfrutaba de tener el control de una situación y resolverla a su antojo. La universidad le ofreció una gama infinita de posibilidades para probar su don y sacarle el mayor provecho.
Decidió que estudiaría derecho, ¿que mejor profesión para él?. Su meta era ser el mejor abogado y ganar mucho dinero, en las historietas solo veía como los superhéroes ayudaban o destruían a la humanidad con sus poderes, que patéticas causas pensaba, el solo quería dinero y comodidad, algo de poder y reconocimiento, ya lo veía venir.
servido por karurasu
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