El Clan Akalim cap V VI VII VIII
SHINRYU, KIVEDA
Kiveda llevaba ya dos años en la ciudad de Londres, vivía tranquilo en una casa deshabitada, tenía su propio huerto y eran pocas las veces que salía, se vestía generalmente con un kimono azul oscuro que había robado años atrás y la mayor parte del día meditaba buscando la armonía perfecta entre cuerpo y espíritu.
En un día gris de Septiembre Kiveda vistió su abrigo y salió a comprar algunas semillas como un ciudadano más, el dinero lo había robado hacia ya varios meses a un supermercado y le era más que suficiente para sus ínfimos gastos.
Pantalón de dril, suéter de algodón y gabardina negra, acompañado de zapatos mocasines negros, así se vestía y caminaba por la calle disfrutando de la multitud que no veía hace varios meses.
La paranoia en Kiveda había desaparecido después del primer año, el mundo era demasiado grande para esconderse, aun así nunca dejaba su daga que llevaba en la manga de su gabardina.
Esa mañana caminaba serenamente por la acera, y como hacia algo de frío decidió entrar a un pequeño café de largos ventanales junto a un gran hotel de grandes columnas. Tomo su café lentamente y se distrajo mirando los carros pasar mientras el humo de la taza nublaba un poco su vista ¡Delicioso!
Pidió la cuenta en un ingles muy pausado pero constante, se puso de pie y como sui una flecha de hielo atravesara su corazón sintió como se le helaba su sangre ante el espectáculo que sus incrédulos ojos tenían enfrente. Clavo sus ojos en un coche negro deportivo y como si el tiempo corriera lentamente observo de abajo a arriba la figura inconfundible del verdugo de verdugos.
Zapatos negros que brillaban con la mañana, pantalón de paño negro, gabardina negra que llegaba hasta las pantorrillas, una camisa blanca que contrastaba con aquel negro espectáculo de corbata, sombrero y lentes oscuros que indudablemente ocultaban unos ojos verdes asesinos. Todo esto en unos pocos segundos que se hicieron agónicos para Kiveda que enfrentaba una difícil decisión.
Si seguía actuando normalmente tal vez pasaría desapercibido, pero seria un riesgo muy peligroso, esconderse podría llamar la atención de los habitantes del local, una perturbación ligera que Shinryu fácilmente notaria ¿Qué hacer?
Antes de poder decidir y a pesar de los lentes oscuros Kiveda supo que había sido descubierto, pero eso ya no importaba, se dio cuenta que el miedo que había sentido había sido un producto del encuentro de una época que cada vez se hacia mas lejana y que ahora volvía mas rápida y fugaz que una tormenta tropical. No sintió miedo y siguió mirando a Shinryu, Kiveda confiaba mucho en sus habilidades, y los años de meditación en el nuevo mundo le habían permitido explorar nuevas formas de entrenamiento, por otro lado la idea de matar a Shinryu era muy tentadora, era como acabar con todos sus problemas de un solo tajo ¡Literalmente!
Shinryu se cruzo de brazos enfrente del auto y Kiveda tiro un billete en la mesa y se dispuso a salir, caminó lentamente al salir del local mientras un ligero viento levantaba las hojas del suelo mientras el Akalim caminaba con paso firme y presto a desenfundar su daga ante el menor movimiento sospechosos de Shinryu.
Sabia que debían enfrentarse, y mientras caminaba lentamente se preguntaba si sería allí, se preguntaba si Shinryu estaba armado ¿Qué clase de arma llevaría? No importaba lo que sucediera, Kiveda se creía el único capaz de vencer a Shinryu, sabía que Nishinu había escapado, y aunque su fuerza de voluntad era extraordinaria no lo veía como un rival para Shinryu, le aterraba la idea de que hubiera salido vivo de la cueva, encerrado con siete Akalim de tan alto rango ¿Qué técnica había utilizado para vencerlos? ¿Podría el contener su furia y evitar la oscura muerte?
-De alegría me colmas Kiveda al dejarme ver tu rostro, más de dos años han pasado desde tu fugaz huida y veo que te has adaptado muy bien al extraño mundo que hemos encontrado ante nuestros ojos-
Y la voz de Shinryu fue como un susurro que trajo a la cabeza de Kiveda las palabras que con la misma serenidad había pronunciado el día que los mato a todos.
-Extraño destino que nos pone ante tan turbios parajes Shinryu y extraño destino que nos reúne hoy como el encuentro de dos caminos que desembocan en solo uno-
Shinryu levanto ligeramente la mano y la llevo lentamente hacia su rostro, Kiveda temió un ataque y deslizo suavemente su pierna izquierda hacia delante adoptando una sutil postura defensiva, Shinryu sonrió ligeramente y su mano continuo subiendo hasta alcanzar sus lentes negros que retiro de su rostro para guardarlos en su bolsillo.
-Veo que estas muy prevenido Kiveda ¿Acaso quieres empezar ya la batalla? O huirás como ya es tu costumbre, sería lo mas sensato que podrías hacer porque ya desaprovechaste tu oportunidad de matarme en la cueva, cuando la ventaja era tuya, pero ahora somos solo tu y yo y la tarea que me ha sido encomendada que es para mi mas importante que mi propia vida, por eso hoy yo tengo la ventaja, porque mientras tu luchas por tu existencia yo lucho por algo mucho mas importante que la mía propia, así que mis deseos son mas altos y mas fervorosa es mi voluntad de vencer-
-Tal vez para ti tu vida no valga nada y seas el buen perro pastor del maestro Cheng Son, pero mi existencia esta más allá de una estúpida leyenda que solo trae desgracia a quienes bien hemos servido al clan-
Los ojos de Kiveda estaban llenos de furia, se había molestado con las palabras de Shinryu y no aceptaba que este menospreciara su vida sobre unos ideales que el nunca seguiría. Pasó por su cabeza desenfundar la daga y atacar pero con un profundo respiro la armonía de su cuerpo le hizo comprender que la calma era su amiga, y la sorpresa de un arma escondida su mejor estrategia.
Y se miraron fijamente y todo pareció oscureces a su alrededor, incluso la gente que caminaba por la acera los evitaba sin saber porque, pero la realidad era que su concertación era inmensa, tal que ambos desconocían a su rival pues nunca ninguno había visto los ojos de la muerte en el otro.
-Sacar la daga y atacar sería un movimiento demasiado complejo, y fácilmente esquivado por Shinryu, de hecho en esa posición ningún ataque podría alcanzarlo, a menos que me concentrara profundamente en el golpe descuidando mi defensa, aunque Shinryu tal vez no se enteraría, además ninguno de sus ataques seria efectivo en este momento, ninguno de los dos se arriesgaría a atacar y perder su postura-
Kiveda tomo su decisión, se concentro en el pecho de Shinryu sin desviar la mirada siquiera un instante, y aunque lo veía con los ojos solo veía su pecho y todo alrededor estaba oscuro para el, un ataque de Shinryu seria fatal.
Shinryu por su parte esperaba pacientemente tenia todo el tiempo del mundo para esperar a que Kiveda atacara o a que se distrajera tan solo un instante en el que fuera vulnerable.
Kiveda por su parte preparaba cada músculo de su cuerpo para asestar el golpe, y la adrenalina corría por su cuerpo como un torrente pues sabía que en cualquier momento podría encontrar la muerte ante la menor distracción.
-¡No lo notó!
Kiveda supo que Shinryu no lo había notado, su orgullo no le permitía sospechar que podría recibir un ataque efectivo en esa posición.
Y el silencio citadino de la concurrida calle se vio interrumpido por el silbar del viento rasgado por la casi flameante pierna derecha de Kiveda que se desprendió del suelo de forma tal que sus pantalones se rasgaron de la rodilla hacia abajo. El asombro de Shinryu fue mas lento que sus propios reflejos, porque atónito quedó al darse cuenta que su rápida reacción seria casi inútil, sus manos se cerraron formando una equis en su pecho, que fue atravesada por la pierna de Kiveda que arrastro los brazos de Shinryu contra todo su pecho transmitiendo todo el poder de tan increíble patada.
Cólera, dolor e indignación sintió Shinryu mientras sus pies se desprendían del suelo y volaban inevitablemente hacia el auto negro
-¡Maldito!-
La espalda de Shinryu de estrello contra la puerta del lujoso auto, que se hundió como su un toro la hubiera embestido, el impacto hizo parpadear a Shinryu en contra de su voluntad, y cuando abrió los ojos mientras su espalda seguía penetrando la puerta el destello de una daga que con la tenue luz de la mañana relucía, hizo sentir a Shinryu el frió de la inminente muerte. Shinryu recordó su propio movimiento cuando cual saeta se abalanzó contra Korugy, porque de manera similar volaba Kiveda hacia el corazón de Shinryu, podía escucharlo latir de excitación, de miedo, de resignación, mientras el suyo latía aun mas rápido, pues cada fracción de segundo que pasaba y la daga se acercaba más y más a Shinryu el sabor de la victoria se hacia cada vez mas glorioso.
-¡Vida!-
Y cuando el impacto se hizo inminente Kiveda bajo la cabeza instintivamente, protegiendo su rostro del fatal impacto, y ciego sintió como una corriente de viento pasaba por su lado mientras su golpe atravesaba lo que quedaba de puerta y continuaba con asientos hasta llegar a la otra puerta que se abrió como la tierra húmeda ante una filosa espada para dejar asomar los brazos y la cabeza de Kiveda.
-¡Pero cómo!-
Kiveda retiró los brazos y su cabeza de la agujereada puerta dando vuelta con una rapidez felina mientras divisaba una sombra escabullirse por el techo del restaurante, salió del auto y subió al techo de un salto ante el asombro de la gente que ahora miraba atónita el destruido porche que emitía un ruido de alarma.
Desde el techo nada se divisaba, y aunque Kiveda busco por más de seis horas sabia que no podría encontrarlo y que su encuentro final con Shinryu solo se había postergado un poco, también sabia que el golpe no había dejado a Shinryu en condiciones de pelear de igual a igual lo que lo hacia feliz y en medio de una ventisca y parado en la azotea de un pequeño edificio una leve sonrisa apareció en su rostro, pues sabia que la primera victoria era suya.
Al otro lado de la ciudad el agitado Shinryu caía de rodillas en un gran parque escupiendo sangre por la boca, y por dentro hervía de ira y de impotencia, pero poco a poco se fue calmando hasta que aquellos ojos verdes inyectados de sangre volvieron a ser casi dulces.
EL CLAN AKALIM
Y en el misterioso anonimato se encontraba el clan Akalim que se extendía a lo largo del bosque en construcciones de bambú que comprendían el hogar de todo el clan. Vivian de pequeños huertos que aprendían a construir desde muy pequeños, el clan era conformado por hombres que se dedicaban a entrenar su mente y espíritu toda su vida para alcanzar algún día la armonía perfecta, monjes que amaban la paz y protegían las aldeas, traían la negra muerte a los saqueadores, y su presencia se volvió una leyenda con el paso del tiempo, nadie se atrevía a perturbar el orden por miedo a perder su vida.
Robaban bebes y los entrenaban desde el mismo instante en que pisaban el campamento, conocían todo tipo de hiervas y su medicina, junto con su poder mental hacían la combinación perfecta para sanar casi cualquier herida o enfermedad.
Su jerarquía estaba organizada por habilidades, los maestros en primer lugar que eran los más sabios y habilidosos, luego los alumnos que compartían cargos de acuerdo a las habilidades demostradas, nunca había más de diez maestros y el numero total del clan Akalim jamás superaba los cien integrantes.
Los maestros eran los encargados de perfeccionar y desarrollar nuevas técnicas de curación, meditación, combate o entrenamiento, su relación con los discípulos requería de mucho respeto, solo los mejores alumnos tenían acceso a las técnicas mas secretas de cada maestro, aunque los sabios ancianos siempre guardaban una técnica mortal que solo ellos conocían, así garantizaban que ninguno de sus discípulos pudiera superarlos en caso de iniciarse la purificación.
La purificación provino desde los inicios del clan Akalim, cuando el hijo menor del señor Hirotomy, Kaito el vidente como se le conocía predijo que llegaría el día en que la fuerza de los Akalim se haría incontrolable y corruptos miembros destruirían los ideales del clan convirtiéndose en lo que ellos trataban de destruir, también dijo que la llegada de ese día traería el fin del clan Akalim, que debería ser destruido por sus mas altos miembros, que deberían purificar el clan acabando con todos sus miembros. La historia no era totalmente clara y muchos afirman que la purificación seria llevada a cabo por un grupo, mientras que otros afirmaban que debería ser solo uno el ejecutor de tan cruenta hazaña.
La filosofía del clan Akalim era su mas fuerte arma, creían en la naturaleza y en que al morir se convertirían en parte de ella, tenían la firme convicción que todo lo que pudieran conseguir con su fuerza y su astucia podía ser suyo, el sentido de pertenencia crecía con sus habilidades, si tenían el poder de conseguir algo nada se reprochaba.
Desde pequeños se es enseñaba que el clan Akalim no era una familia, cada integrante debía aprender bien para poder vivir sin ningún tipo de ayuda, esta condición se lograba a la edad máxima de siete años, edad en la cual se era considerado un verdadero miembro autónomo e independiente que viviría por sus propios medios hasta el día de su muerte, debían alimentarse, sanar sus propias heridas y entrenar por su propia cuenta las enseñanzas que iban recibiendo, si algún mimbro no podía cumplir esos requisitos era ansiado a reunirse con la naturaleza después de su muerte, cada año se realizaban pruebas de habilidad en donde los mas débiles estaban destinados a morir, lo hacían voluntariamente, porque los Akalim no le temían a la muerte, solo a la derrota.
El principal objetivo del clan Akalim era proteger la aldea como lo habían hecho sus antepasados, cuando su poder aumento y esta tarea fue sumamente fácil, se preocuparon por entrenar más y mas y buscar lo que ellos llamaban la armonía, que representaba la paz interior total entre cuerpo y espíritu, la sensación de no tener limites, de libertad total, de ser uno con la naturaleza, esa armonía se alcanzaba después de la muerte, cuando el espíritu luchaba mucho tiempo para fusionarse con la naturaleza. Creían que entre más cerca se estuviera de la armonía en vida menores tormentos debían soportar en la muerte para alcanzarla, así vivían y así morían, haciéndose cada vez mas sabios y más poderosos, esperando una profecía que seria devastadora y fatal.
LA CACERIA
En la penumbra de la noche tres sombras interrumpían la paz con un silencio mortal, habían llegado a Berlín hacía ya dos años y sembraban el terror en la noche, asesinaban a los habitantes de una casa y se quedaban ahí hasta que alguien se diera cuenta de que algo faltaba. ¡La fría Europa!
Las autoridades buscaban a los asesinos pero su paradero era un misterio, desaparecían de forma casi fantasmal. Algunos rumores ya corrían por algunos sectores de la ciudad se hablaba de una maldición.
Desentrañable misterio el que desprendían estos tres jóvenes que encontraban en la metrópoli el lugar perfecto para vivir sin ningún tipo de ataduras, como se les había enseñado. Los Akalim siempre fueron libres, pero atados al clan. Con la huída habían experimentado una sensación única, la sensación inigualable de la supremacía, de estar por encima de todo, de no seguir como ovejas un rebaño, de ser únicos e inigualables.
Era demasiado fácil vivir en la ciudad, era la jungla perfecta en donde se podía vivir en cualquier lugar era fácil matar y fácil escabullirse de aquellos tipos de uniforme que solo sabían causar alboroto, poner sus cintas en todos lados y morir como cualquier mortal.
Tres Akalim trabajando juntos, un curioso equipo, nunca antes visto. Iba contra toda la filosofía del clan, pero ya que importaba, no había clan y se podía hacer lo que se quisiera. Matar y tomar todo lo que estuviera a su alcance, eso hacían casi todas las noches, tres adolescentes que se divertían con lo único que podían hacer, con lo único que conocían, para lo que habían sido entrenados, no había bien o mal, no había correcto o incorrecto, solo su espíritu y su voluntad. Nunca podrían adaptarse a la sociedad, o siquiera intentarlo porque no veían mas allá de sus propios ojos o del mañana, Vivian cada día primitivamente, seguían sus instintos y eso era lo único que importaba.
La mirada de la muerte se había posado sobre ellos hacia ya tres días, paciente y amenazante, como una araña, así era Shinryu, que desde la sombra miraba con vergüenza a los jóvenes que deshonraban el clan. Esperaba el momento oportuno para atacar sin que ninguno escapara, y al tercer día tubo su oportunidad cuando todos se refugiaron en un apartamento que asaltaron esa misma noche, estaba vacío y no hubo muertos.
Los tres jóvenes se instalaron despreocupadamente y se deleitaron con la televisión que aun no entendían y con la comida que sacaron del refrigerador que ya reconocían con facilidad.
Trágico destino que los veía desde la ventana sin que ellos lo notaran. Ojos verdes que se habían posado sobre sus cabezas arrebatándoles la ilusión de vivir un día más
-¡Ahí están!-
Shinryu había aprendido bien las costumbres del nuevo mundo, era un excelente observador y su adaptabilidad era sorprendente, solo había tenido que esconderse durante seis meses hasta que cambio su ropa y salió a caminar como un ciudadano mas, rápidamente aprendía esa nueva lengua y a comportarse para pasar desapercibido, invisible como todo un Akalim, solo fue cuestión de tiempo para que leyera los periódicos y buscara sucesos relacionados con los miembros de su clan, cosas que solo para el tenían sentido, los buscaba también con su pensamiento y su espíritu, cuando estaban cerca podía sentirlos, se pasaba horas caminando en una concentración total buscando a sus presas, impartiendo la merecida muerte en su imaginación.
Había viajado en tren hasta Berlín y le tomo una semana encontrar a los “fantasmas” del periódico, sintió lastima por ellos, eran jóvenes que nunca podrían adaptarse, animales tratando de sobrevivir, nunca podrían tomar un tren o vestir ropa de ciudad, ni siquiera sabían que sucedía, solo la muerte traería claridad a sus almas. Los observaba sujetándose en las rejas de la ventana, vestían ropajes negros, llevaban dagas y uñas de acero consigo, tomaban una soda y comían papas fritas mientras afilaban sus armas, eran una visión llena de lastima de una especie en vía de extinción, no se podía posponer más.
Cuando sonó la puerta todos tomaron sus dagas y se pudieron de pie con una velocidad fantasmal.
-Toc, toc- otra vez, y la habitación quedo vacía, Escondidos miraban fijamente a la puerta, se preparaban para el ataque.
El siguiente sonido que se escucho fue el de la puerta viniéndose abajo, y detrás de ésta, la negra e inconfundible figura de ojos verdes asesinos.
El miedo se apodero del lugar, el miedo y la desesperación, la angustia de tener a la muerte un paso adelante, esconderse era inútil, todo era inútil, el único alivio es que sabían que seria rápido.
Como todo un equipo salieron de las sombras y se pararon frente a el, no planeaban morir solos
-Por su recibimiento supongo que saben que hago aquí. Muerte a los Akalim proclamo e imparto como se me ha encomendado, libres son de buscar su salvación valiéndose de su propio espíritu-
Definitivamente era la voz de Shinryu que detrás de sus pantalones y suéter negro podría pasar por cualquier ciudadano en la gran metrópoli.
-¡Maestro Shinryu!- dijo uno de los jóvenes.
-¡Calla!- contesto Shinryu de inmediato
-Implacable será la furia de mi brazo contra los que deben ser purificados y ni todos los poemas u oraciones podrán salvarte en los tiempos del olvido.-
Y como si volara sobre la alfombra Shinryu salto sobre los tres jóvenes que lucharon por su vida sin éxito, mientras sus almas abandonaban sus inexperimentados cuerpos y el dolor de la derrota oprimía sus corazones.
Tras los pasos del ejecutor humo y fuego rugiente consumía los recuerdos de las vidas que nunca fueron.
LA HISTORIA SEGUNDA PARTE
Llovieron lágrimas en el bosque oscuro y la noche asomo más temprano, llevándose la roja tarde que no contaba ya con testigo alguno.
Kaito se recostó contra un árbol con la mirada perdida en el horizonte, su rostro inexpresivo traía la lastima a sus hermanos. Se sentó en la tierra y ni todo su talento pudo plasmar en una imagen mental la confusión que sentía. Hishido trataba de demostrar valentía por su condición de hermano mayor, pero lagrimas de rabia se escurrían por sus ojos recordando la amarga muerte que sus ojos recordando la amarga muerte que a su paso arrebataba todas las ilusiones que un día tubo y las que habría tenido si sus padres aun vivieran.
Ananime había acompañado a Hirotomy hasta el final abandonando incluso a sus propios hijos por morir al lado del que siempre había amado. Hirotomy sabia que la decisión de su esposa era definitiva, y aunque quiso nunca trato de impedírselo, Hishido tomo el control dela familia y la seguridad de sus hermanos a su cargo ante la dura decisión que había tomado su madre, y por muchos deseos que tubo de rebelarse y luchar nunca se puso por encima de lo que representaba su familia.
La mirada de Akalim se poso sobre los que lo acompañaban, mujeres, niños y ancianos que no tenían lugar en la guerra, madres y sus pequeños sin futuro ni esperanza. Tragándose las lágrimas y los versos de odio que su inspiración traía. Caminó hacia un claro en el bosque y clavo el primer trozo de bambú de lo que seria una pequeña aldea. Trabajo por tres meses ayudado por todos los desplazados y al terminar este periodo comprobó que todos tenían techo y una pequeña fuente de alimento en algunos huertos que también habían construido. En todo el tiempo no había pronunciado palabra, y cuando todo estuvo terminado lloro amargamente lo que ya todos habían llorado, mientras pronunciaba lo que se convertiría en un famoso proverbio Akalim.
-Llora la muerte de tus amados con fervor y sin las preocupaciones que te impiden estar triste-
Junto con los germanos Fuhy 15 niños(varones) mas habían perdido su familia, Akalim se reunió con Hishido que era el mayor de todos y los convocaron a todos una noche en medio del bosque.
Y reunidos alrededor de una piedra se preguntaron para que habían sido llamados, mas el silencio reino cuando la mirada de determinación de Akalim los recorrió mientras caminaba y se subía a la piedra, todos lo miraron perplejos, pues nunca en su rostro se había visto tal mirada.
-En la muerte aun lloran los que injustamente murieron, y amargo es el dolor que pesa sobre los que aun viven. Pasivos e indefensos ante la muerte, ante los sueños que nos fueron arrebatados de nuestros propios hogares- la vos de Akalim no era ya ka de un niño y sobre sus ojos pesaban el odio y el dolor.
-¿Por qué pasivos?- grito sorprendiendo a todos.
-¿ Debemos llorar la muerte de nuestros padres y refugiarnos en el bosque como animales? ¿Debemos correr porque nuestro único pecado es estar vivos? Corran si quieren, asústense y lloren como los niños que son y serán esclavos del pasado para siempre, llevaran el yugo de la opresión y también sus hijos ¿Por qué? Por la guerra infame que liberan los que no conocemos ¿Por qué motivo? Por los intereses que nunca comprenderemos, pelean por un pedazo de tierra, por un cultivo, eso somos para ellos, un pedazo de mapa dibujado en algún libro. Si ustedes quieren lloren y sufran la maldición que ha caído en nuestro pueblo, y así será para ustedes y sus generaciones, háganlo y sean las ovejas de los que sangre hicieron correr en nuestra aldea, pero no crean que yo o alguno de mis hermanos los acompañara a tal destino porque hoy en esta piedra y ante ustedes juro que vengare la muerte de los que ame y me han sido arrebatados, juro que lo haré así me cueste cien vidas-
Enardecidos los corazones , y amargas lágrimas de rabia despertó Akalim entre los que lo escuchaban. Todos sintieron en su corazón el deseo de muerte y de honor
-Pero que podemos hacer Akalim, solo Hishido sabe pelear, los demás somos solo niños- dijo uno de los huérfanos
-La paciencia nos dará la victoria, porque sabio es el que sabe esperar cuando aun es débil. Nuestra juventud es nuestra mayor ventaja. Somos dueños de nuestras vidas y nuestros destinos, podemos hacer con estos lo que queramos, y todos sabemos que queremos, los llamo hoy y los invito para que vengan conmigo y mies hermanos a construir lo que será la perdición de nuestros invasores y de quien los dirige. Su clan esta por encima del hombre y del tiempo, el nuestro estará por encima de sus mismos dioses-
Así hablo Akalim y todos lo siguieron, abandonaron lo que quedaba de sus familias y se adentraron aun más en el bosque donde nadie podría encontrarlos jamás.
Desde el principio Akalim tomo el liderazgo del grupo y su autoridad nunca fue cuestionada, sabia lo que hacia y lo que quería algo indispensable para el resto de los niños que aun no superaban haber perdido sus hogares. Akalim los dividió a todos y los mando a explorar y conocer el mundo, jurando con un pacto de sangre volver a reunirse pasadas cuarenta primaveras. Unos fueron enviados a los monasterios de norte, otros a los templos del sur, otros a las montañas y otros a las grandes ciudades. Akalim y su hermano Kaito partieron hacia las colinas en donde se sabia había u templo de monjes de paz que meditaban buscando la iluminación del espíritu. Dos años tardaron el llegar preguntando a los transeúntes y comiendo lo que se atravesaba en su camino, Kaito fue una gran compañía y su hábil pincel plasmo todos los pensamientos de Akalim en manuscritos que escribieron por cincuenta años, Akalim se convirtió en un maestro en el arte de la meditación, y su concentración no tenia igual, veía las cosas con una perspectiva única, y pasaba largas horas escribiendo con Kaito lo que seria el clan que acabaría con el imperio que reinaba sobre su mundo. El tiempo paso sin prisa y al cabo de cinco décadas se reunieron de nuevo, Akalim había ordenado a todos antes de partir que cuando la reunión llegara cada uno debería llevar dos bebes varones consigo, sin importar de donde vinieran. Así pues cincuenta años después se reunieron los quince ancianos y los treinta niños que fundarían el clan. Cada uno de los ancianos se había convertido en un maestro, guerreros, sacerdotes, herreros, monjes y boticarios hacían parte de los que allí se encontraban. Akalim hablo con cada uno durante meses y nadie nunca discutió su liderazgo o sabiduría, porque aunque su fuerza física no se comparaba con muchos de los ancianos indudablemente era el mas sabio de todos, sus manuscritos contenían lo que seria la vida de cada miembro del clan, los conocimientos que deberían recibir, los ideales que deberían seguir y como evolucionarían a través del tiempo, era una obra como ninguna que plasmaba el destino de los treinta niños que allí se encontraban y de otros cientos que serian robados y llegarían al clan con el paso de los años, niños de todas las razas que serian criados con un único fin, con un único propósito, bajo una misma voluntad. Con la mezcla de todos los conocimientos crecieron y se entrenaron muchas generaciones que mejoraban una tras otra, cada vez más mortales y feroces, cada vez más perfectos, como Akalim lo había soñado. así se fundo el clan Akalim que adoptaría ese nombre después de la muerte del venerable maestro Akalim a sus ciento cincuenta años, así creció el mas mortífero grupo que conocería la tierra, en eso se convirtieron los quince niños asustados que un día huyeron de caza. Tan solo veinte generaciones bastaron para que clan Akalim destruyera el mas grande imperio que había conocido esa tierra, porque como fantasmas atacaron y fueron temidos, demasiado poderosos, demasiado mortales para ser detenidos, cumplieron el juramento hecho por un niño quinientos años atrás, vengaron la muerte de los inocentes que solo ellos recordaban.
