HIRUME,
- Su cambio señor – dijo la cajera.
- Gracias Señorita – el acento de Nishinu aún era confuso, pero se desenvolvía perfectamente en su nuevo rol, mercaba con el dinero que fácilmente obtenía de cualquier lugar y vivía en una apartamento que había alquilado, tubo que valerse de algunas historias para evitar que le pidieran lo que allí se conocía como identificación. Su vida era tranquila y los días del clan eran sueños de una noche lejana. Trotaba en la mañanas y practicaba algo durante el día, no era la gran cosa, lo hacía para sentirse saludable. Un fuerte entrenamiento lo llevaría a otras épocas y a recordar la cacería que desde hace tiempo intentaba olvidar. No quería sentirse preparado, no quería sentirse perseguido, solo quería vivir y lo único que lo ataba a su antiguo mundo era la idea de un discípulo que continuara con la memoria del clan, ese era su único sueño y no tenía ninguna prisa.
“Masacre en Roma: (...) dejando 25 muertos en el establecimiento. Tenían cortado el cuello y no hubo ningún testigo. Los médicos afirman que el arma homicida era muy filosa y el asesinato fue llevado a cabo por un experto, pues las heridas fuero precisas y mortales en todas las victimas. No se registraron indicios de lucha ni resistencia y los vecino afirman no haber escuchado nada...”
El periódico calló de las manos de Nishinu que quedo inmerso en una profunda meditación, no era la primera ves que escuchaba una noticia así en su corta vida, recordó durante largas horas...

- ¡Todos están muertos! – grito un joven mientras irrumpía la meditación de Yin Sen Po quien abrió los ojos pausadamente y como una hoja impulsada por la suave brisa se levantó, se dirigió a su habitación y volvió con su espada envainada amarrada en su espalda.
- Quédate aquí -
Cuerpos degollados adornaban la oscura selva que maléfica acechaba en una noche sin luna, almas que atormentadas vagarían buscando a la fugaz muerte que las había arrebatado. Un ambiente desolador y cruel, una fría bienvenida.
Yin Sen Po llego caminando, y una mirada de dolor y tristeza inundaba su paso, ante sus ojos quince de sus discípulos yacían en la fría hierba.
- ¿Me buscabas? – dijo con una vos que retumbó en el bosque, las aves volaron y los animales se alejaron del lugar. Entre la espesura se distinguió una sombra que se aceraba lentamente con la cabeza abajo.
- Sabes que si, Yin Sen Po, como sabes a que has venido y como terminará todo. Lejano se encuentra el día en que jure tu muerte y ahora que estas ante mí sufrirás la cólera del que paciente ha esperado tu fin. -
- Siempre has sido igual de estúpido Hirume, y no será hoy el día en que cambies, tu inútil venganza solo terminará con la abominación que tu maestro inició cuando tu sangre se confunda con mi roja espada. – la mirada de Yin Sen Po era tan penetrante que casi obliga a Hirume a iniciar el combate directamente, pero un profundo respiro alineó sus ideas evitando la fugaz embestida.
Y el bosque fue testigo de que aquellos dos hombres no descansarían hasta morir. El viento se agito, los árboles crujían y lloraban la ausencia de los jóvenes caídos y del que pronto también habría de caer.
Hirume era uno de los diez maestros del clan Akalim, había sumido esta condición después de que su propio maestro Shidoku fuera asesinado por Yin Sen Po después de una mortal batalla que se había convertido en leyenda para los miembros del clan. El motivo del enfrentamiento nunca fue totalmente claro, pero se rumoró que Shidoku había asesinado a una cortesana amante de Yin Se Po cuando esta se había negado a él. Aunque eso era lo que decían los que conocían a Yin Sen Po nunca creyeron en aquellos rumores y pensaban que los motivos eran aún más profundos.
El enfrentamiento fue a muerte y la espada de Yin Sen Po se baño con la sangre de Shidoku, fue una batalla de tres días y los demás maestros acordaron no intervenir. Al caer la tercera noche Yin Sen Po regresó al campamento solo, su cuello tenía tres estocadas casi mortales, le llevo varios meses recuperarse por completo y participar en el nombramiento del nuevo maestro.
De entre todos los principales discípulos Hirume sobresalía por su destreza y perfección había sido discípulo de Shidoku, nadie se atrevió a desafiarlo cuando su nombre fue anunciado y se convocaron retadores. Fue nombrado maestro Akalim, y en la ceremonia juro asesinar a Yin Sen Po algún día para vengar la muerte de su maestro, su mirada se volvió despiadada y su obsesión lo volvió cruel, solo un joven logró sobrevivir a su entrenamiento durante más de quince años. Solo se alimento del deseo de venganza y de hacerse más fuerte hasta que llegó el día en que fue a buscar a Yin Sen Po.
Así pues dos fieras se encontraron buscando en el otro a su presa, se miraban y su concentración era tal que las hojas que caían del bosque evitaban interrumpir sus miradas. Yin Sen Po desvió la mirada y camino hacia los cuerpos sin vida de sus discípulos, lo hizo pausadamente, desprevenidamente para cualquier espectador inexperto. Se agacho ante uno de sus discípulos y examinó sus heridas, se tomo varios minutos en esta tarea y cuando levantó la cabeza de nuevo Hirume había desaparecido.
- Si ya esas listo – desenfundó su legendaria espada. Era conocida como una espada pero más que eso era un cuchillo largo, que llegaba desde el codo hasta la punta de sus dedos, se concentro y esperó como un buen Akalim.
El silencio reino en el bosque durante largas horas mientras la presión aumentaba, cada minuto que pasaba era un minuto menos para el ataque, cada respiración, agónica.
- Bienvenido Hirume – de la espesura salieron diez estrellas una tras otra, las seguía Hirume que corría detrás casi a la par mientras las seguía lanzando.
Y el suelo tembló ante la arremetida de Hirume que golpeaba el suelo violentamente con cada uno de sus pasos, su mirada se enfocaba a un único objetivo y alrededor nada más se distinguía. El cuello de Yin Sen Po se podía ver reflejado en sus ojos y su velocidad era tal que sus ropas se rasgaban contra el viento, con su mano derecha lanzaba las estrellas y con la izquierda sujetaba su mortal daga.
El rojo destello se dejo ver como un remolino que buscaba cada una de las estrellas se acercaban, y por primera ves en su vida como Akalim Hirume observo la verdadera destreza del maestro Yin Sen Po que bailaba con las estrellas en un concierto armonioso y casi místico. Su muñeca se movía con suavidad y precisión, y cuando el choque de ambos se hizo inminente esquivo a su agresor con una velocidad y precisión que aterraron al propio Yin Sen Po, la daga paso a escasos centímetros de su cuello y de nuevo reino el silencio en el bosque. Hirume quedo a varios metros de su enemigo mostrándole su espalda mientras con su mano izquierda aún sostenía la daga enfrente. Se incorporo y aún dando la espalda a Yin Sen Po dijo: - Tu precisión es casi fantasmal Yin Sen, nunca vi nada igual – en ese momento comprendió que el camino de su vida se hacia más angosto.
- Las técnicas que tu maestro te enseño ahora son inútiles Hirume, las sufrí en carne propia el día en que los hilos de nuestras vidas se encontraron en dirección opuesta – su mano acarició las cicatrices de su cuello y su mirada se perdió en un mar de recuerdos de sangre y dolor.
- Eso me temía – dijo con gravedad, mientras soltaba su daga.
Hirume ataco de nuevo como Shidoku nunca se habría imaginado.
Corrió de nuevo con más velocidad, esta ves sosteniendo también una daga en su mano derecha, sus brazos estaban extendido hacia atrás y se tambaleaban con el feroz correr. Yin Sen espero pacientemente, su serenidad era casi enfermiza, su paciencia desesperante, se veía tan indefenso que Hirume solo se esforzaba más por llegar hasta su cuello, corrió como nunca antes había corrido y cuando se disponía a arrebatar la vida de Yin Sen un destello rojo ilumino sus ojos que parpadearon un instante. Todo fue calma de nuevo.
En las dagas de Hirume destellos de los ropajes de Yin Sen que no se veía por en ninguna parte. Miedo y desolación invadieron la selva, muerte inminente, una calma de sepulcro que helo los huesos de Hirume, se sentía indefenso y observado, no duró más que pocos segundos allí, corrió hacia el bosque a buscar el refugio de las sombras.
Amaneció y permaneció inmóvil, anocheció y continuó su espera.
Desde lo lejos se escuchaban choques de espadas en lo más profundo de el bosque iban y venían, silencio y terror combinados en una lucha sin testigos.
Yin Sen Po voló por los aires ante un duro golpe que le propino Hirume con su pierna derecha, mientras flotaba se sintió viejo y cansado, arrepentido y satisfecho, vio su vida pasar ante sus ojos mientras la sombra de Hirume desaparecía se su vista para posarse justo encima de el, las dagas centelleantes se acercaban a su cuerpo mientras el cerraba los ojos buscando una luz de concentración. Cuando cayó al suelo tenía las dagas de Hirume en sus manos, las sujetaba por el filo, Hirume yacía encima suyo casi inconsciente, su cara estaba ensangrentada al igual que la frente de Yin Sen, la espada roja estaba en el suelo.
- Nunca creí que soltarías tu espada Yin Sen- dijo Hirume casi sin poder respirar. – Tengo una cabeza muy dura- dijo Yin Sen con una ligera sonrisa.
Hirume hizo hasta lo imposible por mantenerse conciente antes de recibir el golpe final, nunca llegó. Yin Sen Po quiso acabar con aquella cadena de venganzas y no asesino a Hirume, aunque era su derecho, lo dejo vivir y nunca se volvió a mencionar el tema.
A Hirume se le vio pocas veces después de ese día, y aunque nunca volvió a buscar a Yin Sen Po, su rencor continuó creciendo.

NISHINU, HIRUME
- ¿Será posible? – se preguntaba Nishinu mientras leía las noticias del periódico.
Nishinu también vivía en Roma y si Hirume se encontraba rondando en la ciudad un encuentro sería cuestión de tiempo, eso le preocupaba. El era discípulo de Yin Sen Po por lo tanto un blanco para Hirume que odiaba a su maestro y había asesinado sus discípulos en el pasado. Pero los tiempos habían cambiado, ¿ Conservaría su odio?.
La sensación de ser perseguido y observado era mortal para Nishinu, no tenía noticias desde que había abandonado el clan, nunca supo que había sucedido, no sabía si era perseguido o libre, la incertidumbre lo agobiaba de nuevo, la posible aparición de Hirume despertó los fantasmas que habían dormido dentro de Nishinu tras años de tranquilidad en el nuevo mundo. Era el momento de enfrentarlos.
Buscó a los alrededores de la masacre, en callejones y azoteas, busco por días y mientras lo hacía los viejos instintos de asesino despertaron, el andar escondido, el caminar sin hacer ruido, estar preparado para lo inesperado, todas estas cosas le trajeron recuerdos de lo que era. Se sentía cómodo, se sentía aliviado, escondido bajo las sombras se sentía en casa.
Otros asesinatos misteriosos lo fueron guiando hacia lo que sería el inevitable encuentro. En la azotea de un edificio una sombra reposaba en una esquina paciente, temible, casi invisible, pero inconfundible.
- ¿Qué te trae al nuevo mundo Hirume?, ¿Cazas o eres cazado? – dijo Nishinu mirando tranquilamente hacia la oscura esquina.
Hirume reaccionó sobresaltado, sorprendido de haber sido descubierto, con la confusión de una vos familiar, que le recordaba el lejano mundo de donde venía.
- ¿Nishinu? – dijo mientras salía de las sombras, su rostro de sorpresa se transformó en una sonrisa mientras su cuerpo era bañado por la luz nocturna.
- Si, soy yo. A que has venido – Nishinu estaba tranquilo, le aliviaba la idea de tener noticias del clan así vinieran de la boca de Hirume, la posibilidad de una pelea no lo asustaba, estaba dispuesto a todo.
- La purificación es un trabajo muy difícil, para un joven como Shinryu – dijo Hirume sin desdibujar la sonrisa de su rostro.
Nishinu comprendió entonces que Shinryu estaba vivo, que era el ejecutor, y que estaba en el nuevo mundo, era más de la información que esperaba obtener, y mientras pensaba todo esto su sangre se helo con las palabras que escucharía a continuación.
- Ya purifique al viejo Yin Sen, me deleitaré haciéndolo con su discípulo más querido – y mientras lo decía su abría su mano para dejar ver a Nishinu el anillo de Yin Sen Po que ahora adornaba las manos asesinas de Hirume, quien no pudo evitar dejar escapar una carcajada.
- Era viejo Nishinu, no me costo mucho trabajo – y continuó riéndose, esperando un ataque desesperado de Nishinu, o un destello de desconcentración.
Nishinu se dio cuenta de que la guerra entre maestros había comenzado, como lo proclamaba la leyenda. No sintió pena ni dolor por su maestro, solo esperaba que el anciano alcanzara la armonía.
Se encontraban separados por algunos metros y sus ojos se encontraban fijamente, Hirume expresaba confianza, su expresión era arrogante. Nishinu no era nada para el, era un discípulo, una hoja seca que el viento podía retirar.
- No me sorprendería si corrieras Nishinu, como lo hiciste cuando fuiste convocado como ejecutor – y de sus manos brotaban las dos dagas que caracterizaban su técnica de combate.
- Adelante Hirume – dijo Nishinu con tanta determinación que el rostro sonriente de Hirume se lleno de odio y su cuerpo se preparo para la mortal batalla.
Hirume se había enfrentado a Yin Sen y Nishinu lo sabía, muchas de las técnicas de su maestro no servirían, tendría que utilizar las suyas. Extendió las manos lentamente y describiendo un circulo con sus brazos adopto una posición de combate, no planeaba esconderse, no tenía miedo y quería acabar rápidamente, se sorprendía de su propia determinación.
Las luces los esquivaban y la noche era noche entre los que con anhelo querían tomar vidas y derramar sangre, Hirume el indomable atacó primero, su confianza y arrogancia lo hacían un enemigo temido, pues su victoria era solo cuestión de tiempo.
Las mortales dagas pasaban muy cerca del cuello de Nishinu, los hilos de su vida cantaban música mientras este esquivaba en una compás de tranquilidad y armonía, bailaba con Hirume la danza de muerte que solo se baila cuando se mira la vida sin respeto. Hirume lleno de cólera atacaba fervorosamente sin perder la concentración, no se explicaba como sus ataques eran esquivados de una forma tan sutil y musical.
Armonía, paz, serenidad, eso era Nishinu, eso brotaba de cada uno de sus poros, era uno con el viento, uno con la naturaleza, veía todo con demasiada claridad, nada podía dañarlo, nada podía romper lo perfecto. Lentamente el filo se acercaba a su cuello, lentamente esquiaba, lentamente vivía aquel momento efímero que nunca antes había vivido.
- ¿Será esta la armonía? – se preguntaba mientras continuaba el mágico baile que cada ves desconcertaba más a su enemigo.
Súbitamente Nishinu dejo de retroceder, ya no esquivaría más, ya no era necesario, sus ojos negros como agujeros absorbían la esperanza del que ya no podía vivir.
- Temible eres Nishinu, y temible tu espíritu que sereno evade y sereno también habrá de impartir muerte. La armonía te rodea como nunca antes vi en ningún discípulo, como pocas veces vi en un maestro, como pocos creyeron que existiera. Privilegiado aquí, y hoy al verte, cuando la muerte me abraza, me alegro de ver un destello de la luz que me acompañará en mi camino. – así pensó Hirume el indomable, cuando un destello rojo surco el viento con determinación, así pensó antes que la espada roja que Nishinu blandía con maestría, separara su cabeza del cuerpo inerte que ahora caía estrepitoso.
Enfundo, y pensativo se quedo un rato, miro el cielo y las estrellas como nunca antes lo había hecho, no tardo en darse cuenta, volteó la cabeza y allí estaba. Ojos verdes asesinos que se posaban sobre su figura.
- Nishinu – la vos inconfundible de Shinryu resonó con mil ecos que bañaron la noche.

UN PROFÉTICO FLORECER,

“ ...la gloria y el poder que trae la niebla a los más sabios inundará el clan. Cuando su poder no se compare y su voluntad sea destino, cuando las mortíferas manos de un discípulo sean un desastre natural, cuando el poder sea incontenible el clan caerá en oscuridad y los objetivos cientos años atrás cumplidos perderán el valor para los que serán ya desconocidos ante mis ojos ... huirán y serán buscados, se esconderán en vano, lucharan sin éxito, sufrirán la desesperanza. Así serán los últimos días de los que serán purificados en contra de su voluntad.
... sin misericordia ejecutados para curar el mal y la ofensa que el mundo vivió cuando con venganza tomamos las riendas de nuestro propio destino, cuando decidimos no morir en vano. Sus cráneos rotos y sus cuerpos sin sangre serán los únicos testigos de lo que nadie conoció, de lo que se gesto en la oscuridad donde solo podía existir.
... sufrirán mientras huyen de la sombra de la muerte, de los ojos que los seguirán hasta sus mismos pensamientos, por que como una sombra atacaran, silenciosos y asesinos, más mortales que la vida misma... ”

Akalim

Y como el profético Akalim escribió una ves, así ocurrieron las cosas, asesinos a sueldo y mercenarios llamados Akalim que fueron el arma predilecta para resolver cuestiones de poder, política y dinero. Así fue, y ante los ojos de los maestros la degeneración del clan fue un hecho y los ideales y la filosofía del clan se volvió un arma de doble filo, por que la lucha por sobrevivir a cualquier costo y tomar todo lo que estuviera al alcance desemboco en ambición y avaricia por parte de muchos miembros que cansados de una vida de disciplina y sacrificios utilizaron su inmenso don al servicio del mundo del que se habían alejado por tanto tiempo. Todo paso tan rápido que solo la purificación podría salvar al mundo de un poder incontrolable.
Shinryu, vencedor, dotado entre los mejores, titán de las sombras como se le conocía, empezó la purificación antes que nadie, tenía diez y seis años cuando asesino al primer Akalim, y trece años después había asesinado a varias decenas. Fue juzgado, odiado y creció peleando por su vida tras un sin fin duelos de los cuales salió victorioso. Muchos fueron los tormentos que soportó antes de poner al descubierto la triste realidad que Akalim había vislumbrada cientos de años atrás, el clan se había desintegrado, y la purificación debía comenzar.
Otros maestros y discípulos se unieron a su cruzada mientras otros tantos repudiaban estas acciones alegando que la purificación aun no era necesaria, que el clan aún no debía morir. Estas discusiones se desarrollaron a través de los años mientras las guerras internas y las filosas intenciones chocaban.
Cuando se descubrieron emperadores títere e imperios regidos por miembros del clan Akalim nadie pudo negar que la purificación debía empezar y finalmente se convocaron a los ejecutores, que se reunirían en la cueva del destino para planear la muerte y la destrucción de lo que hacía dos mil años había comenzado.