I
Ser detective no era tan emocionante como lo pintaban en el cine, la mayor parte del tiempo me la pasaba siguiendo pistas sin sentido y la pila de casos sin resolver se arrumaba tras mi escritorio. El asesino, el asaltante, el estafador, el ladrón, todos impunes en la sombra oscura de mi oficina y patrocinados por mi incompetencia, la verdad no me importaba, y creo que a ellos tampoco.
El caso de Wilken Idenev llegó a mis manos como cualquier otro, rebotando por todos los despachos hasta llegar a mi escritorio, todos sabían que nunca rechazaba un caso, también sabían que pocas veces resolvía uno, pero eran pocas las opciones y yo conservaba intacto mi lugar en el departamento de policía.
El caso Idenev como se le conocía despertó cierto interés en mi de inmediato...
- Paul - dijo en capitán Severs - quiero que aumentes el caso Idenev a prioridad uno, y ¡quiero verte trabajando de una buena maldita ves! –
Prioridad uno era la máxima prioridad que se le podía dar a un caso, eso significaba que debía invertir todo mi tiempo en el, lo cual suponía que el caso se resolvería en el menor tiempo posible. Severs era un cascarrabias, pero no me convenía llevarle la contraria, además me daba igual trabajar en un caso que en otro, no tenía ningún tipo de prisa.
Tome el fólder que yacía sobre mi escritorio con la mano derecha, mientras que con la izquierda me ponía los anteojos, “Caso Idenev”, decía en la portada. – un delincuente más, un delincuente menos- pensé, -¿qué podría tener este de especial? -.
Wilken Idenev, era el hijo de un importante diplomático ruso, había perdido la razón a los 23 años, fue recluido en el hospital psiquiátrico mayor de la Universidad de Londres cuando atacó a un transeúnte en la calle que murió días después. Paranoia, esquizofrenia, múltiple personalidad, etc. Todos fueron apareciendo año tras año desde su reclusión inicial hasta su notable mejoría después de cumplir 32 años, gran parte de los síntomas empezaron a desaparecer y aunque tubo algunas recaídas fue trasladado a una sala de mínima seguridad de donde había escapado hacía no más de una semana.
- La oveja negra se escapa y su político y público padre teme pasar una gran vergüenza, ¡prioridad uno!, ja. Como si no tuviera casos más importantes, o tipos más peligrosos que atrapar – pensé con cierto grado de sarcasmo.
Encontrar a un demente prófugo no podía ser tan difícil, aunque sabía que no se me permitiría hacer publicidad o propaganda con su rostro, tenía que ser un trabajo limpio, digno de un gran detective, ¿dónde podría encontrar uno a estas horas?
II
Lo más lógico sería ir al último lugar donde se le había visto, el hospital.
Llegue a eso de las diez de la mañana, hacía frío y el sol no quería asomar, estacione mi auto y mientras caminaba hacia la entrada de la clínica pude ver en los jardines varios pacientes caminando con su mirada clavada en el piso, sumidos en su mundo y en su locura con unos cuantos miligramos de no se que en sus venas. Me pareció tétrico y triste, frió y gris, no me sorprendió en ese momento que Wilken hubiera escapado, ¿quién querría respirar ese pesado aire?.
Me entrevisté con el director del hospital, era de esos tipos cuya arrogancia viene con el cargo, me hizo esperar media hora en un pasillo mientras probablemente se limaba las uñas en su escritorio. Definitivamente ser detective no era como lo pintaban en el cine.
- dígame doctor, ¿cuándo fue la última ves que vio al paciente Idenev? – pregunte mientras miraba mi agenda de apuntes.
La entrevista fue larga, me enteré que Wilken era un paciente muy particular, se pasaba las horas del día leyendo en su habitación o en los jardines, conversaba con las enfermeras y los doctores, a simple vista era tan cuerdo como cualquier otra persona. El director de la clínica lo describió como un talentoso socio pata, había intentado engañar al cuerpo medico varias veces con su comportamiento buscando la libertad, pero lo único que había conseguido era ser trasladado al ala de mínima seguridad. Nunca fue considerado peligroso a pesar del asesinato, era tímido y durante sus primeros años de reclusión se contagió de toda la locura y la miseria que rondaban el hospital, se consumía poco a poco.
- En el reporte se menciona la notable mejoría del paciente Wilken después de cumplir sus 32 años, ¿a que le atribuye usted este cambio señor director? – pregunté.
- Es la pregunta del millón detective, nosotros creemos que en algún punto de sus profundas meditaciones y su sufrimiento tuvo la cordura suficiente para idear un plan que lo sacara de aquí, para actuar y engañar a todo el cuerpo medico. Ya lo había intentado antes, pero la cordura le había fallado, esta ves nos convenció a todos y fue trasladado a mínima seguridad. – respondió el director, con cierto grado de resignación.
Después me entreviste con el medico personal del fugitivo, el Dr. Lordaeron que había lidiado con Wilken desde su reclusión hasta el día de su fuga, era un medico muy prestigioso tenía 65 años y llevaba ya trabajando en el hospital más de 30, fue asignado a Wilken por orden expresa de su padre, quien movió algunas influencias para que su hijo tuviera la mejor atención que pudiera recibir. El Dr. Lordaeron era un hombre cálido y un gran conversador, me hablo durante horas de sus experiencias con Wilken como paciente y me revelo datos de su personalidad y sus traumas, el sabía muy bien que la ley estaba por encima del secreto profesional así que no tuve necesidad de recordárselo.
III
- Wilken llegó aquí muy joven – comenzó el Dr. Lordaeron su relato – el día que llegó estaba lleno de histeria, venía de un juicio muy extenso en donde se le había declarado loco, no es fácil para nadie que se le aparte de la sociedad y se le tilde de anormal, más a un muchacho educado que siempre lo tuvo todo. ¿Por qué lo hizo? Se preguntará usted señor detective, ¿locura?, si, pero no la que usted piensa. Los médicos y abogados que contrató el padre de Wilken alegaron locura temporal, convencieron al jurado de que Wilken caminaba por la calle, sufrió un ataque de locura y asesino al primer transeúnte que se cruzó en su camino. Sabe detective, las cosas no suceden así en la vida real, ¿quiere que le diga un secreto?, no es tan fácil volverse loco– su tono de vos me intrigaba, parecía que guardaba muchísima información, yo seguía ansioso escuchando y a veces tomaba puntes, llevaba mi rol de súper detective a la perfección.
- Entonces ¿qué fue lo que pasó Dr.? – pregunte mientras me acercaba mi oído, como si el Dr. Lordaeron fuera a revelar el misterio de la desaparición de Wilken con solo un susurro.
- Dentro de los estudios que he realizado en Wilken durante los nueve años que estuvo recluido en la clínica, he podido establecer que los problemas de paranoia de Wilken están arraigados desde su infancia, muy probablemente con el trauma generado después del asesinato de su madre cuando el tenía apenas 11 años, auque se le trató de atribuir trasfondos políticos, al asesinato la policía llego a la conclusión de que había sido un intento de robo con un desenlace fatal. ¿Sabe cual es el coeficiente intelectual de Wilken? – disparó, interrumpiendo su relato. Me quede callado, obviamente el Dr. Lordaeron sabía que yo lo desconocía.
- Haría que usted o yo nos viéramos como ratones de laboratorio - dijo mientras sonreía. El comentario no me ofendió, primera ves que lo visitaba y ya deducía que yo era un tipo promedio con una inteligencia promedio, ¿alguna ves había visto alguno de mis test de coeficiente intelectual?, ¿tenia un censor, que al mirarme podía medir mi inteligencia?, ¿Podía saber el con su psiquiatría a que velocidad se movían mis neuronas?... bueno, tal ves el comentario si me molesto un poco, siempre me había considerado un detective muy inteligente, lo suficiente para no perder el tiempo en casos tediosos. Todo eso paso por mi cabeza en un instante, pero rápidamente lo dejé atrás, obviamente el Dr. trataba de decirme que Wilken era una persona extraordinaria.
- Ósea que era una persona extremadamente inteligente – respondí tratando de darme un poco de importancia, - en efecto respondió – y prosiguió con su relato.
- Como le venía diciendo detective, esta paranoia despertó en el pequeño Wilken la idea de que se encontraba desprotegido y de que alguien podría lastimarlo. Algunas de las pocas charlas que tuve con el señor Idenev padre confirmaron esta sospecha, me relató como a Wilken le gustaba estar enterado de todo, quienes trabajaban en la casa, en donde se encontraban en todo momento, quienes eran los enemigos políticos de su padre, quienes eran sus más allegados, de que familia provenían sus compañeros de colegio, y un sin fin de cosas más que empezaron a preocupar a su padre. Tuvo varías visitas al Psicólogo y eventualmente mejoró. Allí entra otra de mis teorías a funcionar, para mí Wilken se entero de que su comportamiento no era normal, y que su psicólogo y el resto de sus allegados lo verían como un niño con problemas, un niño diferente, un niño vulnerable. Por eso su comportamiento cambió y aunque continuo con las mismas intrigas y preocupaciones comenzó a realizar todas sus investigaciones en secreto guardando todas las precauciones para siempre parecer siempre un niño normal. No creo que haya cuestionado nunca el estado de su salud mental, en medio de todo su ingenio y su locura creía que alguien quería lastimarlo y que el era el único que lo sabía, que podría correr con el mismo destino de su madre si no se cuidaba. Así he podido deducir que fue la infancia y preadolescencia de Wilken, llena de misterios y de peligros inexistentes que bombardeaban su día a día, pensando como esconder, como averiguar, como proteger, sin duda creció en medio de un estrés que nadie envidiaría.- completo la frase y en sus ojos pude ver un viso de melancolía, de lastima, a simple vista se podía ver que el Dr. Lordaeron le tenía mucho cariño.
- Cuénteme como fue la juventud de Wilken, supe que estudió derecho- dije incitándolo a proseguir, ya me empezaba intrigar la historia.
IV
- Su padre lo obligo a entrar a la escuela de derecho- continuó el Dr. -era eso o ciencias políticas. Nunca pude saber nada por boca del propio Wilken, no le gustaba hablar de si mismo, sabía que cada cosa que me dijera me serviría para analizarlo, me imagino que consideraba que eso lo pondría más en peligro. Deduzco que su estancia en la universidad no fue mejor que su infancia, cuando se sufre un grado de paranoia como el que sufre Wilken adquirir nuevos conocimientos se vuelve una tarea tortuosa por que cada ves se descubre que se sabe menos, y para el lo desconocido era siempre peligroso. En varias oportunidades revise sus calificaciones, eran impecables, Wilken siempre se preocupo por saber cada ves más, una de sus utopías era saberlo todo, nueve años de estudios me sugieren eso. Era un joven prometedor con un futuro magnifico por delante, de no haber sido por sus problemas mentales ahora sería uno de esos abogados que viaja en jet y maneja grandes bufetes. – mientras lo decía miraba hacia arriba, como recordando como lo había visto sufrir, lamentándose por una vida desperdiciada.
- ¿Sabe usted que lo pudo llevar al asesinato de aquel hombre?- pregunte aprovechando que el Dr. Lordaeron se mostraba más como un amigo de Wilken que como su psiquiatra.
- Se lo voy a contar, pero será algo extraoficial – dijo mientras la intriga me arrollaba – Wilken empeoró progresivamente durante sus últimos años de universidad, era un joven absolutamente misterioso, cada ves se relacionaba menos, siempre parecía que tuviera algo que esconder. En una de mis entrevistas con el señor Idenev padre, este me comento lo mucho que se había preocupado por su hijo en esa época, a tal punto que contrato un detective privado para que lo siguiera y diera cuenta de sus pasos. Al señor Idenev le preocupaba que Wilken estuviera involucrado en algún tipo de negocio sucio o que estuviera metido en un problema mayor. Lo que no sabían ni el señor Idenev ni el detective que había contratado era que Wilken era un paranoico crónico, que analizaba toda la gente que se movía a su alrededor con un alto grado de detalle, así que no tardó en descubrir que alguien lo seguía. No puedo ni imaginar el grado de conmoción que sufrió Wilken cuando se sintió asediado, solo imagine al joven observando como era seguido a todo lado, de día y de noche, ¿comprende por que perdió la razón? – se detuvo, mientras yo hacía mis deducciones.
- ¿Quiere decir que la victima de Wilken fue el detective? – pregunte, - en efecto señor oficial – respondió.
- No se que movimiento en falso pudo haber hecho, pero aterrorizo al joven Wilken que ya andaba preparado y le dio muerte con un cuchillo a plena luz del día – concluyo el Dr.
- Si resumimos, Wilken es un loco paranoico de remate, que mato al detective que lo estaba siguiendo, sin causa aparente, aparte de buscarlo. Ahora bien, Wilken escapó, sigue igual de loco que antes y me aventuro a adivinar quien es el detective que lo sigue ahora.- pensé para mi.
Aunque no tenía miedo, me parecía peligrosa la posición en la que me encontraba, tendría que ser muy cauteloso al buscar a mi fugitivo, si el se enteraba que andaba tras su huella mi salud tal ves correría peligro, eso ya era algo, si tenemos en cuenta que mi encuentro más cercano con la muerte había sido la operación de cordales que me habían realizado en mi juventud.
El trabajo en el hospital ya estaba hecho, ¿adonde iba ir ahora?.
V
Al día siguiente intente contactar al padre de Wilken pero me enteré que realizaba labores diplomáticas en las filipinas y no volvería hasta el próximo mes, eso me dejaba con pocas opciones. No tenía ni la más remota idea de donde empezar a buscar, el hospital quedaba a las afueras de la ciudad y estaba rodeado de un pequeño bosque, lo más probable es que Wilken se hubiera internado hay para perderse de sus captores, pero había pasado ya una semana y con lo que ya sabía de el suponía que no se quedaría quieto mucho tiempo, de hecho, si era tan inteligente como el Dr. Lordaeron había mencionado podría estar en cualquier ciudad en este momento, incluso fuera de Inglaterra.
- ¡Paul! – escuche mientras bajaba de mis pensamientos, - que has averiguado del caso Idenev- era el capitán Severs.
- La información del hospital no fue de mucha ayuda, podría estar en cualquier parte. Nunca vamos a poder encontrarlo sin la ayuda de la ciudad, pero me imagino que al señor Idenev padre no le gustará que la foto de su único hijo salga publicada en todos los periódicos de Londres diciendo “Loco escapa de Sanatorio”- dije con una mirada de resignación.
- Por supuesto que no – refunfuño el capitán.
- Hagamos un llamado al publico en general, por radio y por prensa, no tenemos que revelar su rostro, solo su descripción, además es un tipo en bata caminando por hay, sin documentación, alguien tubo que ver algo, lleva una semana afuera, no tiene ni un centavo, su padre no esta, alguien nos tendrá que llamar capitán – hable mientras el capitán meditaba mis palabras.
- Hágalo – respondió al fin, - pero sea muy discreto- concluyó.
Bueno, al menos ya tenía algo que hacer, no era divertido tener un caso prioridad uno sin pistas ni testigos. Hable con mis contactos en la radio y periódicos locales, en todos los casos omití sagazmente la identidad de Wilken, solo podía hacer eso y esperar. Alguna ves había leído que la paciencia era la mayor cualidad de un buen detective, y yo si que tenía paciencia, me recosté tranquilamente en mi escritorio mientras cerraba mis ojos. Cayó la tarde y a eso de las cinco sonó el teléfono.
- Escuche en la radio sobre el loco que escapo del hospital psiquiátrico, creo que lo vi hace unos días - su vos era dulce, indudablemente una mujer joven.
- ¿Podría entrevistarme con usted?, ¿en que sitio lo vio exactamente?-
Ana Liliqueen vivía en una casa a las afueras de Londres, a unos seis kilómetros, por la dirección que me dio era una zona muy lujosa, quedamos de encontrarnos a las siete de la noche allá. La verdad no tenía muchas esperanzas de la información que me pudiera dar, había lidiado con este tipo de llamadas toda mi vida, el noventa por ciento de las veces la información no servía para nada.
Llegue muy puntual, ya empezaba a caer la noche y la brisa acentuaba el frió que me había seguido desde que salí de la estación, pensé en que tipo de noches había pasado Wilken, sentía algo de lastima por el. Me sorprendió aquella casa, o mansión, que era un nombre más apropiado, era un edificio ancho de tres pisos, a simple vista se podían ver más de quince habitaciones, si Wilken había venido aquí indudablemente tenía buen gusto, timbré.
- Buenas noches señor detective lo estaba esperando – dijo con una ligera sonrisa.
VI
El clima se más hizo frío y la noche más oscura al igual que su vestido, los ojos de esa mujer expresaban pena a pesar de su sonrisa, su rostro reflejaba la juventud que la empezaba a abandonar, y algunas ojeras revelaban noches en vela y lágrimas tal ves.
- Buenas noches, Señora Liliqueen – contesté.
- Señorita – dijo de una manera un poco tajante, logró hacer que me sonrojara por algunos segundos. – No se preocupe, me pasa todo el tiempo – concluyó de una manera más cálida.
Largos pisos de madera y escaleras en espiral adornaban la mansión Liliqueen, fui conducido hasta una sala en donde nos acomodamos, yo insistí en comenzar la entrevista, pero la Señorita Liliqueen no lo permitió hasta que el té no estuviera servido. – Caprichos de la gente rica – pensé. Sirvieron el té, y yo me apresuré a preguntar.
- Cuando hablamos por teléfono usted mencionó que posiblemente había visto a el paciente que se escapo del hospital, ¿sería tan amable de decirme como sucedió y por que cree usted que se trataba del paciente? – todos los lujos me habían puesto ya un poco formal.
- Al principio no caí en cuenta que fuera un paciente, llevaba tan solo los pantalones, sin camisa ni calzado. Pero cuando escuche en la radio la descripción y la ropa que llevaba puesta supuse que era él. – hablaba pausadamente, y miraba hacia arriba como tratando de recordar lo que había sucedido. Yo por mi parte moría ya de impaciencia.
- En donde lo vio - dije pensando en vos alta.
- Si me permite detective – dijo mirándome fijamente – lo vi cuando se presentó en esta casa hace dos noches, estaba muy oscuro y argumento que había sido robado en la carretera y que había corrido varios kilómetros buscando una línea telefónica. Estaba sucio y parecía haber corrido por el bosque. Sin embargo se veía una persona decente, y hablaba con muy buenos modales, el mayordomo me notifico de su presencia en la puerta y yo decidí bajar y atenderlo personalmente, no muy a menudo llegan visitas a esta casa ¿sabe?. Le regale un traje de mi padre, que en paz descanse, el ya no los necesitará más – sus ojos se encharcaron y trago saliva evitando llorar.
- Cuanto lo siento – fue lo único que atine a decir. En ese instante recordé el periódico de hacía ya dos semanas. Gerard Liliqueen, prominente banquero fallecido en su recinto a las afueras de Londres. ¡Como había dejado pasar eso por alto!.
- Gracias – respondió mientras sacaba un pañuelo de su bolsillo. Debí haberle dado el mío, definitivamente mi falta de protocolo y mi lentitud mental no eran una buena combinación para esa noche.
- Prosiga cuando guste – dije con el tono más suave que pude.
- Como le venía diciendo – ,prosiguió, - después de bañarse y vestirse utilizó el teléfono, me dijo que la policía ya estaba al tanto de la situación. Charlamos por varias horas, se presentó como Jhonas Tomason editor de una revista científica londinense que se publicaba en toda Europa, me contó que venía de Paris a evaluar algunos artículos pero que se disponía ir al aeropuerto, ya de regreso, cuando había sido victima del robo. Yo con la mejor de las intenciones le ofrecí la casa para pasar la noche, tenemos habitaciones de sobra y la casa se siente muy vacía desde que mi padre nos dejo, él se mostró renuente a aceptar, pero después de un rato más de charla finalmente decidió quedarse. Hoy en la mañana me dijo que no podía viajar hoy por que en la estación le habían dicho que debía quedarse a declarar todo el día, así que le ofrecí la casa para pasar una noche más – mi corazón empezaba a aumentar de revoluciones mientras escuchaba el relato.
- ¿quiere decir que todo eso sucedió hoy? – dije asombrado.
- Si – respondió la señorita Liliqueen - Jhonas o como quiera que se llame, acepto quedarse otra noche, más tarde escuche la noticia y lo llame.
- ¡Quiere decir que se encuentra aquí! – dije ya sobresaltado.
- Si, debe estar descansando en su habitación – la tranquilidad con la que hablaba me enfermaba, me llevaba al borde de la desesperación, todo este tiempo Wilken Idenev había estado a tan solo metros y yo lo ignoraba, no sabía que hacer, yo nunca andaba armado, ¿cómo lo iba a atrapar ? , ¿tenía algún sentido algo de lo que estaba pasando?.
- No se sobresalte señor detective, tal ves tan solo sea una coincidencia, subamos y comprobemos, el gran misterio – dijo y me dejo ver su sonrisa de nuevo.
Yo ya estaba al borde del un ataque de nervios, ¿que iba a hacer?, ¿subir con un cuchillo de cocina?, ¿una sartén?. En la radio nunca se mencionó que el paciente fuera peligroso, menos que fuera un asesino, a Ana Liliqueen le podía parecer el hombre más culto y educado, pero estaba muerto de miedo. ¡Ya se, pediría refuerzos!.
En ese preciso instante pude ver la figura de Wilken Idenev bajando las escaleras mientras nuestras miradas se cruzaban, ¡era él!
Muy emocionante, me encantan esas historias donde nunca se sabe lo que va a pasar. Es el tipo de literatura que más me gusta.
Chevere sigue escribiendo este tipo de historias y sere tu fan numero 1